Sunday, November 30, 2014

Cuando elegimos al Presidente lo hacemos por un emperador

En: http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/141130/cuando-elegimos-al-presidente-lo-hacemos-por-un-emperador

ROBERTO GIUSTI |  EL UNIVERSAL
domingo 30 de noviembre de 2014  12:00 AM

Historiador y poeta, Rafael Arráiz Lucca devela en su más reciente libro, la obra, generalmente desconocida, de diecinueve "Civiles" venezolanos en los más diversos campos del conocimiento y la creación, en un país donde el oficio de gobernar ha sido territorio exclusivo de los militares, con las excepciones de rigor y 40 años de la democracia representativa.

-En el prólogo de "Civiles" planteas la tesis según la cual "de los 200 años de vida republicana el signo ha sido el militarismo invadiendo el ámbito de la ciudadanía y mandando más que gobernando". Anotas que eso ocurrió desde el principio porque si bien los hechos del 19 de abril de 1810 y los del 5 de julio de 1811 lo protagonizan civiles, luego de la pérdida de la Primera República el primer lugar en el escenario lo ocupan los hombres en armas. ¿No era acaso natural esa preponderancia si consideramos que la monarquía enviaría tropas?

-Sí, pero pasaron casi dos años hasta el desembarco de Monteverde, a principios de 1812. De modo que en todo ese tiempo el escenario fue para los civiles y los personajes centrales eran abogados, los integrantes del Cabildo y en especial Juan Germán Roscio. Ahora, inevitablemente la situación se convirtió en un problema militar.Y entonces las miradas se centraron en el único que tenía conocimientos sobre ese tema: Francisco de Miranda.

-Quien fracasa rotundamente.

-Sí, firma unas capitulaciones, intenta irse y comete el error de su vida pernoctando en La Guaira. Lo hacen preso los coroneles, que lo culpan de la derrota y comienza su calvario, hasta 1816, cuando muere. Ahí comienza el argumento central de la vida política de Bolívar, que es el centralismo. Bolívar nunca abrazó el federalismo y lo responsabilizó de la pérdida de la Primera República, lo cual es una exageración.

-Ese es el Bolívar militar, centralista, conservador y si se quiere autoritario, características que podrían conformar al primer caudillo venezolano. Pero, en tu libro los diez y nueve biografiados son, sobre todo, civiles, federalistas, liberales y por tanto democráticos. Sin embargo, ¿no se imponía, por fuerza de la realidad, la necesidad del "hombre fuerte"?

-No. Si Bolívar hubiese abrazado el proyecto integracionista colombiano, con la fórmula liberal, a lo mejor seríamos una sola república. Pero con el centralismo eso era imposible y la tendencia se agrava cuando Bolívar redacta la Constitución de Bolivia creando la Presidencia vitalicia y hereditaria, lo cual genera la reacción de Santander y de muchos otros. Ellos alegan que no se pasaron más de una década en guerra para constituir una monarquía. De modo que Bolívar termina sus días erigiéndose en dictador, producto de sus contradicciones y de las debilidades de su proyecto político.

-¿Cuáles debilidades?

-Por rabiosamente centralista, su proyecto no tomaba en cuenta las particularidades colombianas, ecuatorianas o venezolanas. El sino bolivariano, el centralismo, deriva en dictadura durante los últimos años de El Libertador. Ahora, es cierta tu afirmación de que casi todos los biografiados de "Civiles" son liberales y federalistas, aun cuando hay excepciones como la de Gil Fortouol, quien formaba parte del Gobierno hiperautoritario de Gómez.

-¿Es, entonces, Bolívar el precursor del caudillismo, del hombre fuerte, del militarismo y de su apropiación del poder?

-Sí, porque noto en él una aversión exagerada hacia la anarquía. Creo que confundía las presiones democráticas con desorden y la expresión de la voz disidente con desobediencia, confusión que deriva en autoridad y más autoridad. Pero Bolívar, a pesar de sus grandes equivocaciones, era republicano. Solo que, así como en un momento tuvo rasgos centralistas, antes los tuvo a favor de la alternabilidad, tal y como lo demuestra en su discurso ante el Congreso de Angostura, donde dijo que el poder en las manos de un solo hombre conduce a la tiranía. En realidad presentaba posiciones contradictoria y así dio argumentos, tanto a demócratas republicanos, como a centralistas autoritarios.

-Dices que es difícil conseguir en otros países del continente un libro como "Civiles" porque, a diferencia de Venezuela, allí la presencia militar no ha sido tan abrumadora ni tan sistemática.

-Venezuela presenta, en ese sentido, una singularidad. La presencia militar ha sido abrumadora porque nuestro ejército fue pieza central de la independencia del norte de Suramérica. Y los generales victoriosos pasaron décadas cobrando lo servicios, imantaron la vida civil y gobernando por muchos años. Eso no fue así en el resto de América Latina donde el peso de los civiles era mayor. La gente se sorprende cuando se dice que lo que nos está ocurriendo tiene origen en hechos ocurridos hace 200 años. Pero en términos históricos eso no es nada.

-En otra parte de tu diálogo te preguntas por qué a Venezuela le ha costado tanto la democracia liberal y por qué una parte significativa de la población respalda los desmanes de determinados gobernantes. ¿Podrías poner un ejemplo?

-En el siglo XIX el militarismo fue acorralando a la civilidad y en el XX el petróleo contribuyó a un crecimiento desmesurado del Estado. Sobre todo a partir de 1943, con las leyes de hidrocarburos y del impuesto sobre la renta. Hasta ese año el Estado percibía solo las regalías (12 al 15% de la exportación del crudo). Pero a partir de ese momento comienza a recibir 46% y desde entonces no ha dejado de crecer. Como consecuencia se ha generado un desequilibrio porque el factor predominante en lo económico y lo político es el Estado y eso hace difícil el equilibrio democrático, tal y como lo hay en otros países. Cuando elegimos al Presidente de la República estamos eligiendo a un emperador que tiene la llave la fortuna. Así, en la medida en que crece el Estado, reduce la significación del ciudadano.

–Los dos últimos biografiados de tu libro son Caldera y  Pérez. Allí apuntas las contradicciones que, a tu juicio, caracterizan sus gobiernos y trayectorias políticas. Pero, ¿no contribuyeron esas contradicciones al colapso de la llamada cuarta república?

–Allí pasaron muchas cosas. Los partidos políticos no se renovaron y postergaron durante 40 años la descentralización, una vieja bandera y deuda de AD que cuando Pérez la paga ya es tarde. La historia está para demostrarnos los errores y extraer grandes lecciones. Caldera nunca se consideró constructor  de modelos, sino como luchador político. La tarea de alguien así es la búsqueda del poder y eso fue lo que hizo. Si eso suponía  separarse del partido para alcanzarlo, lo hizo. Ahora, eso fue conveniente para él, pero no lo para el país. En el caso de Pérez, cuando  privatiza las empresas que creó durante su primer Gobierno lo hace porque los precios del petróleo estaban en el fondo y no había posibilidades para un Estado saudita. Esa flagrante  contradicción  ¿obedece  a las deficiencias de su formación política y filosófica? Es probable, pero también responde a las deficiencias de su partido. La coherencia es fundamental en todo dirigente político, quien debe explicar  claramente cuál el modelo económico y político que promueve para evitar las actuales contradicciones.

–Si Caldera y Pérez adolecieron de contradicciones, ¿qué decir de Chávez? ¿Se puede, tan cercana su muerte, tratar un juicio histórico?

–Ya hay variables que pueden analizarse. Yo enunciaría dos: la gran tarea económica venezolana, desde hace un siglo, es la necesidad de convertir la  riqueza petrolera en una riqueza nacional  que nos independice de la renta petrolera. ¿Contribuyó Chávez a que eso ocurriera? Creo que hizo lo contrario. Aquí ha habido una hipertrofia de esa dependencia en los últimos quince años y la deuda a pagar, para convertir la venezolana en una economía diversificada, se hace cada vez más difícil. Otro parámetro: siempre el país ha  buscado la alternabilidad democrática y Chávez consagra la continuidad. La reelección indefinida es un contrasentido histórico.

Convivencia pacífica

En: http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/141130/convivencia-pacifica

EL UNIVERSAL
domingo 30 de noviembre de 2014  06:56 AM

-Adviertes que los militares han venido cumpliendo un papel para el cual no están preparados. Pero, al mismo tiempo, reivindicas el papel de Páez al restituir a Vargas en el poder y la paradoja de que el modelo democrático llega en 1945 de la mano de un golpe de estado.

-Páez tuvo una actitud civil cuando restituye a Vargas, pero no la tiene cuando se erige en dictador (1863). Eso marca la complejidad del tema porque no es ni blanco ni negro. Hay militares con obra civil extraordinaria como Agustín Codazzi, Juan Manuel Cajigal y el general Rafael Alfonzo Ravard y eso nos dice que la civilidad no es patrimonio exclusivo de los civiles. Ahora, en 1945 comienza la democracia liberal representativa por un hecho de armas que se da porque por otra vía era imposible llega a ese punto. La razón estaba en que el ejército se negaba al establecimiento de un gobierno democrático. De eso hay gran cantidad de testimonios, como los de Medina Angarita y Uslar Pietri. Luego la evolución continuó y es de justicia destacar la conducta civil de Wolfang Larrazábal, quien facilita la transición a la democracia.

-La salida de 1945, ¿tiene sentido?

-No. Esa solución no la avalo y no es el camino porque la solución a un problema no se resuelve creando nuevos problemas. Aquí de lo que se trata es de ampliar lo espacios democráticos, la convivencia pacífica y restaurar la comunidad histórica. Nosotros formamos parte de una comunidad política donde hay dos o tres polos y donde lo importante es que el polo dominante reconozca a los otros. La restauración de esa comunidad política es una de las grandes tareas de Venezuela. No la unidad monolítica porque eso no existe en democracia.

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