La alternativa es que al bajarse del avión Maduro tome una serie de medidas de ajuste contradictorias y sin coherencia que incrementen el malestar social, sin un objetivo claro más allá de ponerle parchos a la embarcación.
Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.-
Si se quiere evitar una catástrofe
humanitaria y una gravísima crisis de orden público lo más responsable
que puede hacer el poder chavista con Nicolás Maduro y Diosdado Cabello
al frente es firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.Cuando se conozcan en detalle las condicionas que China ha exigido para facilitar dinero en efectivo al gobierno venezolano (ya Konzapata ha informado de algunas), el FMI parecerá la congregación de las Hermanitas Descalzas.
La alternativa es que al bajarse del avión Maduro tome una serie de medidas de ajuste contradictorias y sin coherencia que incrementen el malestar social, sin un objetivo claro más allá de ponerle parchos a la embarcación. O que no haga nada y la situación actual se siga agravando.
Hoy tenemos a efectivos de la Guardia Nacional y de distintos cuerpos de seguridad tratando de controlar, no a un grupo de muchachos guarimbeando en algunas zonas de algunos centros urbanos del país, sino a por lo menos centenares de miles de personas en todo el territorio nacional intentando adquirir alimentos. Efectivos armados en alerta ante una multitud de civiles desarmados garantizándose la subsistencia. Ese tipo de situación que pone muy nerviosos (y con razón) a los militares, en particular a los venezolanos desde 1989.
Lo peor es que no se descarta que los inventarios se agoten en las próximas semanas. Un componente de las colas es precisamente el miedo del público a que se agrave la escasez, y en ese escenario todo el mundo lógicamente quiere protegerse.
Y aún no hemos sentido el golpe de la caída de los precios del petróleo.
Desde el punto de vista económico la ruta para salir del atolladero parece clara, pero es la ruta política para asumir esas medidas la que luce muy complicada.
Para normalizar el abastecimiento se requieren tres cosas: ajustar o liberar los precios de los productos regulados que escasean, eliminar el control de cambios y suministrar dólares a la economía.
El problema con las dos primeras medidas es que si se hace eso la inflación aumentaría aún más y habría un ola de compra de dólares (para protegerse de la inflación) y un ataque contra los bancos. Para evitarlo, habría que cortar el combustible de la inflación: la emisión monetaria.
Los
economistas venezolanos estiman que la mitad del déficit público se
está financiando con emisión de dinero inorgánico. Pero si se corta en
seco la emisión monetaria el gobierno no tendrá como pagarle los sueldos
a millones de empleados en la administración pública.Por tal razón, el gobierno tendría que hacer otras cosas como subir la gasolina, los impuestos y al mismo tiempo recortar los gastos. Un ajuste. Pero el déficit público venezolano es de tal dimensión que lo anterior no se puede hacer de un solo golpe, pues ese escenario provocaría una recesión muchos más profunda que la actual y se tendría una crisis de otro tipo con el riesgo de convulsión social. Lo anaqueles de los comercios estarían llenos de productos, pero la mayoría de la gente no tendría suficiente dinero para comprarlos.
Es por eso que en situaciones como está los países acuden al Fondo Monetario Internacional como el prestamista de última instancia. El Fondo presta los dólares para apoyar un programa de restructuración económica que, aunque doloroso, permitirá ir saliendo de la trampa y, sobre todo, cambiaría las perspectivas de la economía venezolana: en dos o tres años las cosas van a empezar a mejorar, una luz al final del túnel.
Desde hace años las autoridades del Fondo han reconocido que se equivocaron en la implementación de sus políticas de ajuste en los ochenta. Ese es un matiz importante. Por lo cual esa institución está dispuesta hoy a apoyar un programa de reestructuración económica de transición.
Pero asumir la realidad requiere de un gobierno que sea capaz de varios pasos: voluntad para hacerlo, estar preparado para pagar el inevitable costo político, y generar confianza en que ese programa económico será viable y sostenible, que tenga credibilidad.
A estas alturas de las cosas parece bastante claro que Nicolás Maduro no está dispuesto a hacer las dos primeras, y acaba de terminar de destruir lo que podía quedarle de la última.
Ello explica por qué su gira por Asia ha sido fatal (y esto es algo de lo que él probablemente no tiene plena conciencia). Ninguno de sus probables valedores internacionales ha estado dispuesto a rescatarlo financieramente. El contraste con Rafael Correa es dramático.
No hay confianza en él ni en su gobierno.
Sí, los chinos tienen grandes planes de inversión y comercio con América Latina, donde Venezuela es importante. Pero no están dispuestos a amarrarse con ningún gobierno.
Y en ese punto el poder chavista (político y militar) tiene un grave problema entre las manos. ¿Qué hacer?
Están solos. Sin los cubanos, sin los chinos, sin los rusos y sin los saudíes.Necesitan dólares en efectivo no para marzo o para cuando sea que convoquen a las elecciones parlamentarias. Lo necesitan antes que termine enero.
Sus amigos de Brasil y Ecuador, con sus propios problemas, lo que le pueden dar son consejos. Le recomendarán lo anterior. En particular Correa que es economista:
Desmontar Petrocaribe, olvidarse de la Ley de Precios Justos, levantar el control de cambios (en contra de la opinión de Aristóbulo Istúriz) e ir al FMI. Reconocer que Chávez se equivocó. Ya nos más socialismo del siglo XXI.
Ya sabemos, decir Fondo Monetario Internacional en América Latina es políticamente incorrecto desde los años ochenta. La conciencia del falso progresismo llevó a la dirigencia de Acción Democrática a sumarse al coro de críticos del programa económico de CAP II. La crítica contra el FMI fue una de las primeras banderas de Chávez. Es volver a 1989 y a revisar todo lo que se ha dicho sobre el segundo gobierno de Pérez y del Caracazo.
La historia ha dado un giro.
Entonces, acudir al FMI implica cambiar al gobierno. Por tanto, el problema central (por paradójico que parezca) es de carácter político.
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