20 de enero 2015 - 12:01 am
El umbral de la eternidad,
novela del galés Ken Follett, descansa junto con otros libros en una
pequeña mesa de madera, a la derecha de la silla en que está sentado
Luis Miquilena, un hombre al que Hugo Chávez reconoció como su mentor.
El libro aborda las guerras y las divisiones que marcaron el siglo XX.
Miquilena, con 94 años de edad, ha sido testigo de esa época y de los 15
años que lleva el siglo XXI. Venezuela no escapó a conflictos y
divisiones. Pero el dirigente asegura que el país nunca estuvo en una
situación de crisis y de gravedad institucional como la que vive hoy
con el gobierno de Nicolás Maduro.
—Usted conoce el chavismo. ¿Se acabó la revolución?
—Coincido
con esa verdad inalienable, como lo afirmaron Henrique Capriles y
otros dirigentes de la unidad. Nunca ha habido una crisis de esta
magnitud. Aquí no tenemos reglas. La oposición debe hacer un esfuerzo
especial para unirse en este momento. No para un diálogo o elecciones
futuras, sino para pensar en el drama inmediato que está planteado. Hay
que luchar frontalmente contra este gobierno en la calle. Mover las
masas para que el país se ponga de pie, con un mensaje que vibre y
explique a los venezolanos el drama que padecemos.
—¿Y cómo se solucionará esa crisis?
—Este
gobierno tiene que salir y tiene que salir pronto. Si no, vamos a
terminar en un caos. Ya estamos en el foso y no tenemos movilidad sino
para cavar más abajo. De esto no se puede salir sin un cambio absoluto
del gobierno. Absoluto porque desde el propio gobierno no pueden salir
sectores a dar un paso al frente para ser parte del cambio. El cambio
debe ser el objetivo esencial de la unidad.
—¿Y las parlamentarias?
—No
creo que esté planteado un problema de parlamentarias, aunque no las
subestimo. Todo lo que tenga que ver con el camino de la democracia
debe ser incentivado. Pero no podemos dedicarnos a eso cuando la gente
se muere en la calle porque no consigue una píldora. Hay que luchar y
la gente está ganada a eso.
—¿Cómo llamar a luchar con el miedo a la represión?
—El
miedo a la represión es relativo. La gente lo que necesita es que se
le toque la médula espiritual. La gente en las colas no tiene miedo,
hay que darles un discurso que los incentive. Si un hombre está
impregnado de un ideal y está decidido tiene más valor que un hombre
armado de fusiles.
—¿Y cree entonces que Maduro renuncie? ¿No controla la Fuerza Armada?
—Renunciar
nunca es voluntario. Tiene que haber una fuerza detrás superior a su
voluntad que lo obligue. Hugo Chávez era muy machote y aquí se volvió
añicos, renunció como 100 veces. Pero no aceptaron la renuncia. Maduro
tiene que renunciar y renunciará si las fuerzas que se le oponen son
suficientes. Y en esas fuerzas no descarto a la FANB, pues creo que
están en un plan de reflexionar. Los invito a que lo hagan, que
respeten la Constitución y estén del lado de la gente que hace las
colas.
—¿Se equivocó Chávez al escoger a Maduro?
—No
creo que se equivocara, sino que no tenía a nadie más. Era el menos
pugnaz. Chávez se volvió muy permeable a la adulancia y Maduro se
convirtió casi en un perro detrás de Chávez. Lo mismo hizo Fidel Castro
con Chávez, se dio cuenta de su punto débil: la vanidad.
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