Monday, March 23, 2015

Elecciones legislativas transparentes: Punto de orden de Obama?

En: http://prodavinci.com/2015/03/22/actualidad/elecciones-legislativas-transparentes-punto-de-orden-de-obama-por-luis-garcia-mora/

Luis García Mora/ Al Límite

América Latina ha dejado muy claro en la OEA el viernes que no se traga la decisión norteamericana de declarar a Venezuela una “amenaza inusual” que requiera de una “emergencia nacional”, aunque tampoco le ha mostrado un apoyo a Maduro tan rotundo como el recibido del ALBA y de UNASUR, ya que no se tradujo en una contundente declaración.

La situación fue tratada con pinzas y mantiene su permanente tensión.

Tal vez tengan razón quienes piensan que fue una estrategia muy mal pensada de parte de Washington para influir en los asuntos de Venezuela, a través de sanciones y declaraciones “estúpidas” como esa de los vamos a sancionar y también los declaramos una amenaza interna para los Estados Unidos. Pero lo importante son sólo las sanciones, desafortunado fraseo diplomático que en el fondo todo el mundo supo lo que quería decir.

¿Con una arrogancia que te hace ciego a los matices para los asuntos de Venezuela? Como me decía un amigo corresponsal, en la que ven a Venezuela como la nueva frontera tras la Cuba con la que están creando vínculos, ¿y Obama se abre dándole duro a Maduro porque ahora Venezuela es la nueva Cuba, el nuevo espantajo?

Quizás.

Lo cierto es que desde fuera se nota que las parlamentarias venezolanas de manera inevitable se presentarán otra vez como un plebiscito sobre Maduro y el régimen, y que en la Venezuela del siglo XXI se ha demostrado con sangre, violencia y rejas, que el mero hecho de la militancia política ha sido convertido por el gobierno en un verdadero ejercicio de vida o muerte.

Y esto es algo que todo el continente sabe.

Y no sólo eso: hay más. Un plus que le confiere a la actual crisis entre Maduro y Washington unos contornos de película de acción e intriga y estrategias internacionales, parecidos a los de las películas del Jack Ryan de Tom Clancy.

Razón por la cual tiremos un cable al piso y, como dicen: toquemos tierra.

Hay un hecho que salta a la vista: desde aquellas gravísimas acusaciones al presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, la política de Estados Unidos ha dado un viraje en el que se vienen apretando las tuercas.

Primero lo de Andrade y Marco Torres, la rama suiza del banco británico HSBC, y los famosos 12 mil millones de dólares depositados allí; luego el estallido de ese ganglio de escándalos en Andorra con empresas fantasmas supuestamente vinculadas a PDVSA, los bolichicos, a Ramírez y Salazar.

Y ahora, para colmo de males, en España ha estallado otro escándalo luego que se determinara que a través del Banco Madrid –otro tentáculo de la intervenida Banca Privada de Andorra–, según el informe de la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (Sepblac), “firmas de importantes compañías españolas pactaron comisiones de hasta 148 millones de euros para cargos chavistas en la concesión de grandes y multimillonarios contratos públicos”.

Una olla de escándalos que en Venezuela, dado el férreo amurallamiento institucional que existe, hasta ahora no ha producido mayor rebote, pero que –dado el pánico soterrado de algunas personalidades y de algún sector–, ya comenzó a irse por las costuras.

Una cadena de escándalos que tras el informe del Departamento del Tesoro de Estados Unidos generó la intervención de la Banca Privada de Andorra (BPA). Y que definió al banco como “una preocupación de primer orden en materia de blanqueo de capitales”. Y que días antes, en un pronunciamiento del Financial Crimes Enforcement Network (FinCEN), la unidad antilavado del Departamento del Tesoro, reveló que nuestra empresa estatal, PDVSA, se encontraba inmersa en actividades delictivas tras supuestamente lavar cerca de 2000 millones de dólares a través de la Banca Privada de Andorra BPA, en un entramado de exorbitantes comisiones.

Es decir, que lo que se ventilaría tras la declaración de “amenaza inusual” de Obama –aunque los gringos insistan en desmentirlo– quizás sea lo que más temen no pocos. Lo que los ha obligado a moverse desde el ALBA hasta la UNASUR y la OEA, y que la canciller Delcy Rodríguez no se cansa de denunciar a voz en cuello como “una declaración de guerra contra Venezuela y contra América Latina y el mundo”.

O como el preludio de una “invasión militar”. Pero que en realidad al final más bien se concrete en lo que, como también advierte el gobierno del presidente Maduro, en un acorralamiento moral y energético-financiero, que en principio sólo se focaliza en algún funcionariado represivo o corrupto, que al viciar y erosionar moralmente la estructura del Estado venezolano y del régimen, jamás se detuvo a medir las consecuencias de su comportamiento ante el Tesoro Público, y menos aún de la crisis en que colocaría al país.

Y que si, ciertamente, hacia adentro no encontró ningún límite institucional o legal, internacionalmente se le acaba de aparecer como el lobo.

Un límite que, como afirmara el presidente Rafael Correa de Ecuador, es “muy difícil” que se materialice en una supuesta intervención militar por parte de los Estados Unidos, ya que los “bombardeos son cosas del pasado”, y que más bien Venezuela debería estar más pendiente de otros mecanismos “más sutiles” y “eficaces” de injerencia, hoy día, como sí lo son las “sanciones” y el bloqueo económico. Fórmulas que desestabilizan sin un disparo.

Que fundamentadas en un nutrido y establecido dossier de investigados y demostrados delitos en torno a la represión y la violación de los Derechos Humanos, el lavado de dinero o el narcotráfico, pudieran constituirse, en la situación actual, como el el flanco más débil de un régimen como el venezolano.

Junto a nuestra frágil situación económica.

Tanto, que al responder a la pregunta de por qué Venezuela no puede dejar de venderle petróleo a Estados Unidos, el economista Angel Alayón advertía en esta página, que de auto infligirnos ese daño “la caída de los ingresos en Venezuela sería de tal magnitud que la etiqueta de crisis humanitaria podría ser insuficiente para describir lo que ocurriría con nuestro país”.

De manera pues que quizás deberíamos enfocarnos en la ruta política de la situación y esas otras fórmulas no militares, aunque tal vez más eficaces que en la actualidad aparentemente se ciernen sobre Venezuela.

En una audiencia sobre Venezuela en el senado norteamericano en torno a las medidas, la idea que acotó el subsecretario de Estado adjunto para Sudamérica, Alex Lee, es que se busca es “combinar” unas sanciones que Washington cree más que justificadas, con la búsqueda de alianzas en la región para lograr convencer a Maduro de que celebre este año elecciones legislativas “creíbles”. Que “unos resultados electorales creíbles, podrían reducir las tensiones en Venezuela”.

Es decir, que de haber una operación a lo Tom Clancy, sería una enfocada hacia una definición política límite con fecha límite, como lo serían las próximas elecciones parlamentarias.

Es decir que los ojos están puestos ahí.

En esa especie de punto de quiebre del desencadenamiento de cualquier situación, y que uno ubicaría con exactitud en la noche del conteo de los votos, y en las condiciones que en ausencia de grueso ventajismo gubernamental a que estamos acostumbrados, pudieran garantizar un resultado seguro.

El voto de las elecciones parlamentarias asegurado bajo un estricto control internacional.

Tal pareciera ser lo que se decanta en esta tensión hemisférica.

Que por ningún motivo el funcionariado chavista, sea desde la Asamblea, el TSJ o el CNE, puedan acudir a ningún subterfugio para eliminarlas o manipularlas, usando por ejemplo la declaración de un Estado de Excepción o una persecución generalizada de la dirección de los partidos de oposición.

Que pudiera ser el mensaje cifrado que desde Washington se envía y que podía materializarse en el resultado del debate que está pronto a ocurrir en la próxima cumbre de las Américas, en una evidente operación hemisférica. Mensaje que Washington envía a sus socios de la región cuando les pide que “animen a Venezuela a aceptar una misión de observación electoral internacional robusta, que use estándares internacionalmente aceptados”, para su evaluación.

Para evitar que se repita en las elecciones legislativas un ambiente de franco peligro, como el ventajismo y la coacción que rodearon los polémicos resultados de las presidenciales del 14 de abril.

Que es lo que desde fuera se sospecha.

Y es ese debate el que quizás acapare buena parte de la atención en Panamá en la próxima Cumbre de las Américas –junto a Cuba– en Abril, a la que han confirmado su asistencia tanto Obama como Maduro y Raúl Castro, en medio de esta escalada de tensión.

De acuerdo a lo que se asegura en los corredores diplomáticos, la situación de Venezuela será una prioridad de Barack Obama en las conversaciones que mantendrá con los mandatarios en la Cumbre, pues se considera que un diálogo de Estados Unidos con Venezuela no resolverá los problemas, dado que se impone el antecedente de que los gobiernos de Chávez y Maduro jamás han dialogado realmente con la oposición.

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