Friday, October 7, 2011

La fragilidad de la democracia en EEUU

En: http://www.lapatilla.com/site/2011/10/06/vladimiro-mujica-la-fragilidad-de-la-democracia-en-eeuu/

Vladimiro Mujica

La crisis en la educación de los latinos en los EEUU es aleccionadora porque ilustra cómo una situación se puede salir de control Si no se interviene a tiempo el futuro es oscuro, porque en 50 años la mayoría de los trabajadores serán latinos.
La democracia es un sistema político frágil que debe renovarse continuamente para poder resistir las tensiones y amenazas que socavan sus fundaciones. Una de las fuentes de riesgo más importantes para la democracia es la existencia de brechas sociales o económicas que producen exclusión y resentimiento. La dinámica es bien conocida: la parte de la población que se siente excluida y marginada puede eventualmente alcanzar vocería política y entregarle el poder a demagogos y caudillos que aprovechan las debilidades del sistema democrático para hacerse con el control de la sociedad.
Uno de los expositores más diáfanos y transparentes sobre la estrategia de captura del poder basada en la frustración de las masas empobrecidas o en conflicto fue Hitler, quien en su libro Mi lucha la describe con toda claridad. Prácticamente palabra por palabra, Hitler señala que la estrategia del golpe miliar que lo llevó a la cárcel estaba errada y que lo correcto era construir un partido político de masas que se aprovechara de las debilidades de la democracia para llegar al poder y desde allí perpetuarse en el control de Alemania. El éxito de este pensamiento es historia conocida. Otros ejemplos notables de la misma estrategia son los casos de Perón en Argentina y el de Chávez en Venezuela.
Un elemento clave en la generación de exclusión social y resentimiento es la desigualdad de oportunidades en el acceso a la educación de calidad y el rendimiento escolar desigual de un determinado grupo de la población. El caso de los latinos en los Estados Unidos es especialmente aleccionador no solamente por lo que está ocurriendo en el seno de la democracia más importante del mundo occidental, sino porque ilustra claramente cómo una situación se puede salir de control a pesar de que una parte importante del liderazgo del país advierte con claridad que el problema es grave y que no puede ser ignorado.
Las cifras hablan por sí mismas: un informe de la Casa Blanca publicado en abril establece que menos del 50% de los niños latinos están inscritos en el preescolar; solamente el 50% recibe su diploma de secundaria en los lapsos establecidos y, entre quienes lo logran solamente la mitad, comparados con el resto de los estudiantes, está bien preparada para la universidad. Y sólo el 13% tiene un título universitario. Estos porcentajes son suficientemente preocupantes, pero lo que los convierte en alarmantes son las estadísticas demográficas de la así llamada “América hispana”. Los latinos conforman el grupo más joven y de más rápido crecimiento en los Estados Unidos y van a constituir el 29% de la población para el año 2050.
Si no se interviene a tiempo el futuro es realmente oscuro porque en 50 años, un tiempo largo en términos de la vida de un individuo pero muy corto en la vida de una nación, la mayoría de los trabajadores será de origen latino y con graves deficiencias en su formación. Como afirman las autoras de un libro reciente (The Latino Education Crisis ) Patricia Gandara y Frances Contreras: “El desempeño académico de los estudiantes latinos está en niveles tan bajos que los condena a vivir como miembros permanentes de una subclase social y el prospecto de su situación empeora con el tiempo. Si esta situación no se revierte la democracia está en peligro”. En términos similares se ha expresado el propio Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama.
En el terreno de experiencias más personales, yo he tenido la oportunidad de asistir a actos de apoyo a candidatos al congreso norteamericano promovidos por organizaciones latinas. Sin incurrir en ninguna generalización, debo decir que algunos de los discursos que escuché en estos actos me produjeron escalofrío porque su contenido era esencialmente el de una arenga chavista llamando a los candidatos a alzarse contra quienes les habían quitado a los latinos riquezas y oportunidades; es decir, el resto de la sociedad norteamericana.
No por casualidad algunos de los sectores más liberales en los Estados Unidos han llegado al extremo de usar el término Ku Klux Klan latino para referirse a las conductas más conservadoras y segregacionistas en el seno de las organizaciones latinas. Por supuesto que al lado de esto conviven grupos latinos de pensamiento avanzado.
En síntesis, lo que está ocurriendo en el inmenso microcosmo del mundo latino en los Estados Unidos, todo un tercio de la población, se va pareciendo a los procesos que han ocurrido en toda Latinoamérica y que han sido responsables de nuestro fracaso como naciones en crear felicidad para nuestra propia gente.
Es difícil resistir la tentación de trazar paralelismos entre lo que está aconteciendo en la gran democracia del norte y nuestra propia historia. Resulta paradójico y deprimente que el apogeo demográfico latino en los Estados Unidos pueda coincidir con el ocaso de la democracia en ese país.
Un futuro evitable si se aprende de los gravísimos errores de los vecinos al sur del río Grande y se actúa a tiempo para prevenir la acción de los aventureros políticos.

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