Fernando Rodriguez
Un día
García Márquez narró oralmente el cuento "Algo muy grave va a suceder en
este pueblo". Una anciana un día se levanta con esa idea y de tanto
transitar la especie de boca en boca termina sucediendo una catástrofe. La idea
de la dama era arbitraria, sin fundamento, y el resultado insospechable. No
debería ser posible, entonces, que millones de venezolanos sintamos que estamos
a punto de que nos suceda algo grave y que no suceda nada realmente.
Se puede presentir, sobre todo,
en esas masas coléricas en las calles, en las inconmensurables colas para
buscar qué comer o sanar algún mal, con que comienza el nada gracioso año 2015;
la escasez más escasa que nunca ha habido en esta tierra. Y en las caras
alteradas y sombrías de los guardias armados que las acechan y amedrentan.
Pero también en el viaje
insensato y desesperado de Maduro que solo recogió promesas a futuro, cuando la
cosa es ya y en contante y sonante. En el petróleo que baja, baja y baja y
vuelve a bajar. En los veinticinco mil muertos con que cerró el 2014, sin que
nadie lo desmintiera. En la inflación más grande del mundo.
En deudas y deudones en dólares.
En el abismo deficitario. En condenas internacionales a granel y de las más selectas
contra un gobierno que mata y tortura al que grita no. En esa feroz crítica de
monseñor Padrón, que tanto recuerda la famosa pastoral de Monseñor Arias que
lapidó a Pérez que lapidó a Pérez Jiménez.
O en los solos de groserías e
insultos de Cabello y Maduro, éste ahora llamado por retruque El Monstruo de
Miraflores. O en las navidades tristes y melancólicas. Y si de realismo mágico
se trata en el fenecido hipopótamo de Caricuao que se comió tres pelotas de
goma, a falta de su condumio natural.
O en el traje de Araguaney de
Miss Venezuela, en el cual algunos ven, además de la cursilería, lo que no se
debería mostrar en público. O los chinos a quienes les robaron en Caracas los
yuanes que Maduro mendigaba en Pekín.
En este diario hemos evitado
siempre el tremendismo y las hipérboles, esas se las dejamos a los tuiteros sin
oficio y a los mayameros rabiosos, pero a decir verdad no hay pueblo que
aguante tanto mal sin que termine pasando algo. Porque ya no se trata de
masacres constitucionales, desajustes macroeconómicos, loqueteras ideológicas,
impúdicas ignorancias, corrupción en escala galáctica, cultos necrofílicos...
lo que está en juego es lo que algunos teóricos llaman secamente "la
barriga", el hambre, o el cuerpo mórbido que suplica el calmante, el carajito
que chilla su carencia, los bolsillos rotos.
Como decía Antonio Pasquali hace
unos días, los dioses griegos enloquecían a quienes querían perder. Y es
ciertamente la conducta del gobierno. No hacer lo que todo el mundo le dice que
tiene que hacer, hasta el James Bond del Vaticano.
Intentar unificar el país y
aplicar las dolorosas terapias sin las cuales no hay salud económica imaginable
y que no se atreven a hacerlo. Es más, hacen lo contrario, el nombramiento
delictivo de los poderes o esa verborragia hueca y bélica en economía mientras
se cae la casa a ojos vista, por ejemplo, Aquí va a pasar algo muy grave. ¿Qué?
¡Ah no, eso no lo sabemos! Imaginémoslo juntos, para que salga lo mejor
posible.
Vía Tal Cual
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