Por
Medina & Arenas.-
La clase media de nuestro país es probablemente la más golpeada como consecuencia de las políticas del gobierno. No solo se ha afectado el aspecto económico y profesional y las aspiraciones de ascenso, sino también los núcleos familiares los cuales, debido a los altos índices de inmigración, han sido disueltos. La desesperanza ha ganado espacio y la repartición de culpas también.
La clase media de nuestro país es probablemente la más golpeada como consecuencia de las políticas del gobierno. No solo se ha afectado el aspecto económico y profesional y las aspiraciones de ascenso, sino también los núcleos familiares los cuales, debido a los altos índices de inmigración, han sido disueltos. La desesperanza ha ganado espacio y la repartición de culpas también.
Los
responsables de esta crisis, según la clase media, son el gobierno, los
políticos de oposición, los chavistas y ahora también las clases menos
favorecidas quienes, según ellos, se conforman con las migajas que el
gobierno les entrega y no esperan una mejor calidad de vida.
Despectivamente, se refieren a ellos haciéndolos culpables del desastre
que vivimos porque no han logrado romper las cadenas de dominación del
gobierno.
Evidentemente,
lo más fácil es establecer culpables y no encontrarnos como
corresponsables de los males que nos aquejan; por tal razón, en el
momento en el que nos encontramos, es fundamental preguntarse en qué
hemos contribuido todos y cada uno de nosotros a que estemos así y, más
aún, qué podemos hacer para lograr un cambio.
Sin
duda, son los que tienen menos recursos en este país los que más rápido
han caído en este sistema perverso que el gobierno ha estado instalando
y en el cual, es el Estado todopoderoso el único que provee la comida,
los ingresos, la educación, las viviendas, etc. Si usted no está
dispuesto a entrar en las filas del gobierno, entonces nunca se
beneficiará del Estado. Para las clases media y alta, que nunca se han
paseado por esta realidad, esto es incomprensible: ¿cómo es que una
persona ofrecería lealtad por comida o por trabajo o por vivienda?
La
respuesta quizás esté en la falta de opciones, ¿cuántas opciones puede
tener una persona que vive en un barrio de nuestro país, con tres hijos
y no consigue trabajo? Es probable que, para esta persona, no parezca
descabellado ponerse una franela de cualquier color a cambio de dinero o
comida para sus hijos. De la misma forma, para un empresario tampoco
parece descabellado hacer negocios con el gobierno si esto le permite
mantener la empresa a flote, pagar salarios a sus empleados y mantener
su familia y patrimonio.
El
gobierno está consciente de los efectos macabros de sus políticas, pero
sabe también que las mismas le garantizan control y sumisión; así, las
clases media, alta y obrera, dependen en gran medida de las decisiones
del gobierno. De tal manera, nadie puede criticar las lealtades forzadas
de ninguna persona cuando el derecho al trabajo, a la comida e,
inclusive, a la vida, están bajo la discrecionalidad de un gobierno.
Ser
pobre en este país es caro; mientras unos pueden sortear la escasez de
productos básicos y medicinas pagando más o viajando, otros se ven
obligados a disminuir la cantidad de comidas diarias; mientras unos
pueden darse el lujo de un plan B, para otros éste es el único plan,
cueste lo que cueste y, aún cuando tenemos comprensión de esta realidad,
le pedimos a los más vulnerables que inicien un cambio, ponemos en
ellos la responsabilidad de nuestro destino, algo que no es justo con
ellos ni con nuestro país.
La
falta de empatía y de comprensión nos devora como sociedad. Las
realidades de cada una de las clases sociales son diferentes. Sin
embargo, la falta de solidaridad es común a todas. No existe unidad en
el pueblo de Venezuela, siempre estamos buscando culpables afuera y nos
rehusamos a hacernos copartícipes de nuestra historia. Ponerse en los
zapatos del otro es fundamental para avanzar en la reconstrucción de un
país, hay que saber que el todo es mayor que la suma de las partes.
Debemos comenzar por buscar los responsables mirando al espejo y
mientras esto no ocurra, todos seguiremos a merced de un gobierno
totalitario.
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