En: http://www.lapatilla.com/site/2014/10/05/ruge-el-descontento-ante-actitud-de-maduro-contra-el-hampa/
Aquella muchacha, a la entrada del cementerio General del Sur, reparó
poco en los escoltas. Prefirió ser fiel al dolor que lleva entre pecho y
espalda para aferrarse al cuerpo del Presidente y zarandearlo con el
vigor de un reproche. Ella fue la garganta del pueblo. En ella se
escuchó la voz de un país cansado del desangre y el luto. Le gritó a
todo pulmón a la cara de quien, ante sus ojos y a la luz de la
Constitución, es el responsable del peor mal de estos tiempos: “¿Hasta
cuándo, Maduro?”.
Gustavo Ocando / La Verdad
El Presidente, sudoroso en esa aciaga noche caraqueña en que lloró al
diputado Robert Serra y a su acompañante, también vociferó en
respuesta. Quizá fue impotencia al verse abrumado por una epidemia
generacional de miles de muertes violentas. Quizá fue un tanteo para ver
si, en un golpe de suerte, hallaba en la sabiduría de esa joven mujer
la vacuna definitiva a esa cruel enfermedad de balas y saña. En la
improvisación espetó una frase pestilente a incompetencia: “¿Qué quieres
tú que yo haga?”.
Cuando contó la anécdota, ya frente a los ataúdes de Serra y María
Herrera, volvió a rugir el descontento entre los centenares de personas
que les rodeaban. “¡Mano dura!”, le murmullaban a sus espaldas. “¿No me
acusan de dictador por tener a los fascistas presos?”, se defendió,
pretendiendo reducir la inseguridad a una disputa a sangre y fuego entre
rojos y azules. Y entonces halló coro entre aplausos y vítores cada vez
más roncos: “¡El pueblo está arrecho y quiere bajar, la muerte de
Róbert la tienen que pagar!”.
Y se le ideó otra contesta que le expuso: “Hay que abrir el alma para
que sea el propio pueblo quien dé las respuestas (a la criminalidad)”.
Maduro se puso el traje de aquel doctor que en plena pandemia, tras
tomar pulso y chequear los síntomas, recurre a los familiares del
paciente para consultar el tratamiento. Una confusión de competencias.
Un Poncio Pilatos in the making. Una desfachatez.
La fórmula del Gobierno, mientras, es grosera y se repite mientras
agonizan decenas de miles de venezolanos a manos del hampa: asesinan a
un venezolano notorio, ahora sí hago mea culpa, me aprieto los
pantalones, reunión de gabinete, un enésimo plan de seguridad y luego
promesas que se desvanecen gota a gota de sangre. Ocurrió con Mónica
Spear, pasa con Serra y acontecerá de nuevo cuando no se tiene otra
respuesta más vergonzosa que esa: “¿Qué quieres tú que yo haga?”.
“Me agarraba duro y me zarandeaba, nos gritamos cara a cara, y me
gritó y yo le dije: ‘¿qué quieres tú que yo haga?’. Aplico la máxima de
nuestro comandante Chávez: decir la verdad, abrir el alma para que sea
el propio pueblo quien dé las respuestas”.
No comments:
Post a Comment