En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/22/jose-guerra-aprendamos-de-israel/
José Guerra
El Estado de Israel como lo conocemos hoy fue fundado el 14 de mayo
de 1948 según resolución de las Naciones Unidas, al concluir el mandato
británico que esta organización había establecido para que se crearan
dos estados, uno israelí y el otro palestino. Mientras que los líderes
israelíes, encabezados por el laborista David Ben Gurión aceptaron la
resolución, el movimiento palestino la rechazó. No obstante lo anterior,
ya se habían sucedido oleadas de inmigrantes judíos desde diversas
partes del mundo en particular rusos, polacos y alemanes a lo que ellos
nombraban como la tierra prometida.
Lo que actualmente es Israel es un territorio que comprende apenas
22.070 kilómetros cuadrados que se recorren de norte a sur en apenas
seis horas en carro y en noventa minutos de este a oeste. Se trata de
tierras desérticas en casi 70% del total del territorio.
Una vez establecido el Estado de Israel, tuvo que confrontar una
seguidilla de guerras con sus vecinos árabes, lo que forzó a Ben Gurión a
definir una política de autoabastecimiento de bienes alimenticios ante
el cerco que sufría el naciente Estado. Ello llevó a fortalecer, por una
parte, el cooperativismo como forma de organización de la producción
agrícola y pecuaria y, por la otra, a dedicar crecientes recursos a la
investigación para poder cultivar en áreas muy secas y sin agua.
Rápidamente con los incentivos apropiados, la producción de alimentos
comenzó a aumentar de forma sostenida hasta el punto que Israel es uno
de los principales exportadores de renglones agrícolas a nivel mundial.
Pero esto no era suficiente. Durante los años ochenta, los líderes de
Israel, decidieron dar el salto hacia la agregación de valor a su
producción y sus exportaciones.
De una economía basada en la producción agroalimentaria, Israel se
ha transformado en una potencia en el campo de la ciencia y la
tecnología, gracias a un esfuerzo combinado del sector público y el
sector privado. De esta manera, el Estado crea la infraestructura
física, los estímulos fiscales y las reglas del juego y el capital
privado hace el resto: invertir y emprender. Para ello resultó
fundamental el apoyo de las universidades y otros centros de
investigación donde se conciben los grandes proyectos tecnológicos.
Actualmente Israel es el país donde existen en términos relativos más
profesionales en el campo de la ingeniería y las ciencias básicas, lo
que le ha permitido ser una economía diversificada con una potente base
exportadora, para de esa manera contar con los recursos en divisas para
financiar su desarrollo. Israel no produce una gota de petróleo pero no
falta la gasolina.
Un asunto clave en todo este desarrollo monumental que ha tenido
Israel ha sido la estabilidad macroeconómica, en particular luego de
haber vencido una inflación galopante a mediados de los años ochenta.
Desde ese tiempo la política económica ha privilegiado la consecución de
inflación baja y la estabilidad monetaria. Cuenta el Estado de Israel
con un aparato administrativo muy calificado, con procedimientos
expeditos que bajan de manera apreciable los costos de transacción de la
economía y aunque Israel no tiene una Constitución escrita, las
llamadas leyes fundamentales aseguran que Israel sea un Estado
democrático donde esas leyes se respetan, hay separación efectiva de
poderes, se realizan elecciones libres y hay libertad de prensa y del
accionar de diferentes formaciones políticas y religiosas.
Otro asunto fundamental en el funcionamiento del Estado de Israel es
el consenso político sobre los temas esenciales que tienen que ver con
las líneas maestras del desarrollo económico y la defensa nacional. Las
diferencias entre los principales partidos políticos, el Likud, de
derecha y el laborismo, de centro izquierda, residen esencialmente en la
forma de llevar a cabo las orientaciones fundamentales ya definidas.
La gran asignatura pendiente consiste en lograr una paz duradera
basada en el principio de los dos Estados, uno israelí y otro palestino,
donde puedan convivir, por una parte los judíos y por la otra los
musulmanes y también los cristianos que aun cuando son minoría en la
región deben tener pleno derecho a profesar su credo. Para ello resulta
fundamental promover un liderazgo palestino unificado y creíble y que
algunas naciones no árabes dejen de estar aupando el fundamentalismo y
el terrorismo.
Diario 2001
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