En: http://www.el-nacional.com/siete_dias/gobierno-colectivos_0_524347703.html
El dominio del 23 de Enero está fuera del Estado. Más de 14 grupos
imponen sus reglas en parcelas de la parroquia. Dicen haber despojado de
espacios al hampa común, apoyar la revolución bolivariana y valerse de
la Constitución Nacional como única defensa, aunque en varias ocasiones
aparezcan retratados con armas cortas y largas. Además del manejo de la
"seguridad", influyen sobre la comunidad gracias a la expansión
económica y la administración de fundaciones que adquirieron de forma
súbita. Son los "parques temáticos" del poder
El Nacional
Equipo de siete dias
23 de noviembre de 2014
La vida entre los bloques 22 y 28 del 23 de Enero es proyectada en
cuatro grandes monitores pantalla plana que cuelgan, como cuadros, de la
pared de un amplio salón. Sobre las imágenes –algunas de tonos
grisáceos, otras a full color– están fijados los ojos de dos muchachos
uniformados con franelas amarillas, bluyín y pañuelos amarrados al
cuello. Llevan radios transmisores en las cinturas y cargan con
megáfonos. Tienen una misión dentro del colectivo: vigilar día y noche
los movimientos ajenos. Ningún militante puede descuidar ni un momento
el territorio del colectivo Alexis Vive Carajo.
Las cámaras están
desplegadas en la entrada del liceo Gabriela Mistral, los locales
comerciales, el estacionamiento, un parque infantil, los edificios, las
casitas y la carretera. Nadie está fuera del ojo del colectivo. “Aquí no
ves presencia delictiva, pero tampoco policial. Solo en caso de que
haya una fractura en el metabolismo de la comunidad, participan los
cuerpos de seguridad del Estado”, asegura Robert Longa, líder del
colectivo.
El territorio de Alexis Vive Carajo, que también se
extiende a los barrios Camboya y Santa Rosa, es uno más de los
controlados por colectivos en el 23 de Enero. La parroquia, ubicada al
oeste de Caracas y cuya población es de 77.344 habitantes, está
dirigida, al menos, por 14 grupos. Cada uno tiene el dominio de zonas
específicas, allí imponen sus reglas y vigilan con celo cualquier
incursión externa. Su discurso coincide en haber despojado de espacios
al hampa común, el apoyo a la revolución bolivariana, y en valerse de la
Constitución Nacional como única defensa, aunque en ocasiones aparezcan
retratados con armas cortas y largas. Es un poderío que no solo se
remite al manejo de la “seguridad”, sino a la influencia sobre la
comunidad gracias a la expansión económica, la administración de
fundaciones creadas de forma súbita y el miedo.
En los murales del
23 de Enero hay nombres, eslóganes, logotipos o imágenes de estos
grupos: La Piedrita, Salvador Allende, Frente Sergio Rodríguez, Radio
23, Milicia “0”, Alexis Vive Carajo, Montaraz, Coordinadora Simón
Bolívar, Alí Primera, Frente de Resistencia Tupamaro, Guaicaipuro, José
Leonardo Chirinos. También son izadas banderas en algunas sedes, como
si fueran territorios conquistados. Allí, el trato con la muerte se
convierte en tributo. Hay una capilla, colocada en las adyacencias del
Cuartel de la Montaña, llamada “Santo Chávez”; en los murales, se
multiplica el rostro de Lina Ron y de Robert Serra con consignas en
repudio a su asesinato. Los colectivos, o sus fundaciones, también
llevan nombres de dirigentes del 23 de Enero asesinados: Freddy Parra,
Sergio González, José Felipe Pirela, Omar Pinto, y Alexis González.
Cada muerto, un colectivo; cada colectivo, un mural; cada mural, un
símbolo.
Hay caídos por pugnas entre los propios colectivos del 23
de Enero. Uno de los episodios más reseñados por la prensa ocurrió en
2006, cuando una cadena de asesinatos en la parroquia dejó ocho
fallecidos, todos miembros de estos grupos. Pero las bajas siguieron
ensombreciendo a los colectivos. Juan Montoya, coordinador del
Secretariado Revolucionario y ex miembro de Carapaica –también del 23 de
Enero– fue asesinado el 12 de febrero en una manifestación de la
oposición. Hermes Barrera, quien asumió el liderazgo del secretariado
después de Montoya, fue detenido por el crimen.A pesar de este registro
rojo, la función de los colectivos divide opiniones en la zona.
Algunos vecinos los consideran líderes sociales que han asumido
responsabilidades que debería ejercer el Estado, como las mejoras de
infraestructura; otros, sin embargo, repudian los hechos de violencia en
los que se han visto involucrados. Pocos hablan de ellos abiertamente.
Influyentes consorcios. La sede de Alexis Vive Carajo es una
combinación entre lo ostentoso y lo humilde. Está detrás del bloque 27.
Por afuera es una zona en construcción. Se mueven obreros, maquinarias
pesadas y militantes que fungen como supervisores de obra. Allí edifican
una cancha de usos múltiples que, según dirigentes del colectivo, será
un “minipoliedro” con concha acústica. Hay casas precarias y un antiguo
edificio, opacados por las modernas instalaciones de la televisora y la
radio Arsenal –perteneciente al grupo–. Como parte del paisaje está una
camioneta Hummer fielmente estacionada al lado de la radio, cuyo valor
aproximado de 4,6 millones de bolívares (92.000 dólares a tasa Sicad II)
supera a cualquiera de las viviendas del sector del 23 de Enero.
Adentro,
las grandes pantallas del circuito cerrado de seguridad están
acompañadas con retratos de Fidel Castro, Hugo Chávez, el Che Guevara y
Kley Gómez, asesinado en 2005. También cuentan con una piscina, una
parrillera y sillas para sentarse a disfrutar un día soleado. Pero nadie
puede ingresar al área sin previa autorización de Longa. Tres semanas
atrás, Ana, una morena de ojos achinados, se comunicó por radio con él
para anunciar la visita de periodistas: “Dice que deben jurar decir la
verdad y solo la verdad”. Era la condición para ofrecer una entrevista a
El Nacional.
Longa, de 38 años de edad, estudiante de Sociología de la Universidad
Central de Venezuela y funcionario del Ministerio de Educación según la
web del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, se concentra en
enumerar algunos logros de la fundación de Alexis Vive Carajo: el
sistema de seguridad, los “panalitos” (salas situacionales), la
azucarera, la bloquera, la televisora y la radio, panaderías, la
recuperación de una casita de una señora y la piscina que contó con
el apoyo del Ministerio de Turismo (cuya inversión fue de 3 millones de
bolívares).
Salvador Salas, dirigente del colectivo, está en la
caja de la panadería El Panal 2021. Es un flaco con una chiva canosa,
franela azul clara identificada con logotipos de Alexis Vive Carajo y
una radio transmisora en la mano. El comercio que regenta también cuenta
con un circuito de cámaras–que pueden costar 238.000 bolívares– y en el
mostrador apenas hay una docena de paquetes de harina de maíz, panes de
azúcar y algunos refrigerios. No es un sitio abastecido, pese a que en
muchos locales del 23 de Enero suelen encontrarse productos que escasean
en el resto de la capital: detergentes, desinfectantes, leche, azúcar,
carne y pollo. “Siempre contratamos a gente de la comunidad para llevar a
cabo los trabajos. Uno de los traumas cuando tuvimos la primera
panadería de Alexis Vive ocurrió al comprar los insumos en Quinta
Crespo. En la parte de charcutería, los que llevaban las carretillas
eran jóvenes venezolanos. Eso hizo que me enamorara más del proyecto de
Chávez”, agrega Longa. Las obras están agrupadas en una manzana que no
alcanza 100 metros cuadrados de diámetro y son administradas por el
colectivo.
Con apoyo internacional. El centro de operaciones de la
Coordinadora Simón Bolívar es más formal. Está en el sector La Cañada,
entre los bloques 18 y 19, y funciona en una antigua comisaría de la
Policía Metropolitana, cuyos agentes fueron desalojados por militantes
del grupo en 2005. Al fondo está el cerro lleno de casas de ladrillos y
tejas de zinc. “Nosotros le llevamos el gas directo al barrio Sucre, eso
nadie lo había hecho”, destaca Guadalupe Rodríguez, dirigente del
colectivo.
n la fachada está pintado Chávez con un fusil AK-47 y un inmenso
cartel que identifica al colectivo y muestra las direcciones de su
cuenta de Twitter y de su blog. En sus instalaciones está un infocentro
con 64 computadores marca VIT. También cuentan con un centro de
cedulación del Saime, la radio Al Son del 23 –con equipos que pueden
alcanzar 4.000.000 de bolívares–, una sala para dictar talleres y una
estatua que apunta al que ingresa.
“La primera ayuda que recibió
la radio fue de un ayuntamiento del país Vasco. La segunda fue del
alcalde Juan Barreto que nos ayudó a comprar todos los equipos”, asegura
Rodríguez. La relación entre la Coordinadora y la Izquierda Abertzale
–movimiento que agrupa a los nacionalistas radicales vascos, en
ocasiones en torno al grupo terrorista ETA– es pública: el colectivo
venezolano ha apoyado en España a los presos de ETA en marchas y a
vascos radicados en el país.
Por los pasillos de la sede se suele
pasear Juan Contreras, miembro de la coordinadora y diputado de la
Asamblea Nacional que sustituyó a Robert Serra luego de ser asesinado.
Él es uno de los enlaces directos entre el gobierno y el colectivo.
El
más grande. Pero el mayor territorio, quizás, lo ostenta la fundación
del colectivo Montaraz. Desde la entrada del 23 de Enero, en Caño
Amarillo, hasta Monte Piedad hay obras con su sello. La más grande es un
huerto socio-productivo de una hectárea. Al frente tiene el ambulatorio
“Hugo Gutiérrez”, cuya fachada está pintada con el logotipo del
colectivo.
Unos metros después está la Asociación Cooperativa Montaraz que
funciona como un taller mecánico y venta de repuestos. Al lado se
encuentra el parque infantil “Danilo Anderson”, espacio identificado con
el nombre del colectivo. William Pacheco, uno de los líderes del grupo,
se niega a declarar a la prensa.
En la redoma cercana al
bloque 37 está el centro de empresas de propiedad social “Fidel Castro”.
En la fachada está pintado el dirigente cubano y Chávez. Hay carteles
del Gobierno del Distrito Capital y del colectivo Tres Raíces que,
igualmente, regenta una fundación. El espacio, que era una compactadora
de basura, fue tomado para usarlo como sede de seis microempresas.
Tienen un proyecto en el bloque 31 destinado al cultivo de vegetales,
según reseñó el 18 de octubre el periódico Ciudad Caracas.
Otros
colectivos, como Radio 23, se apoyan en los medios de comunicación para
ampliar sus mensajes. Aunque tienen una menor inversión económica en sus
instalaciones, cuentan con el periódico El Combativo, una emisora que
lleva su nombre, administran un parque infantil, una plaza con concha
acústica y tienen un circuito de seguridad.
Pánico colectivo. El líder de un colectivo propone como condición
resguardar su identidad para confesar el secreto del control sobre
territorios: “¿Cómo tú crees que recuperamos esas canchas que estaban en
manos de la delincuencia? Tuvimos que ‘entromparlos’ y eso solo lo
hicimos con armas”.
Nadie en el 23 de Enero se atreve a desafiar a
los colectivos. Si se declara a la prensa sobre los grupos se ruega no
colocar nombres y apellidos, así no sean críticos. “Hay una especie de
miedo o de respeto hacia los colectivos. Cualquier cosa que pase, ellos
actúan con violencia. Los delitos han disminuido. Sí sentimos más
seguridad, porque estos grupos mantienen un patrullaje constante con
recorridos en motos. Son muy celosos con nuestra integridad y con las
instalaciones del Metrobús y el transporte público”, comenta una vecina
del bloque 26.
A la Guardia Nacional se le suele ver atrincherada
en un punto de patrullaje inteligente ubicado en la entrada del 23 de
Enero, mientras que la movilización de motos conducidas por civiles es
una imagen constante en el sitio. Los vecinos lo atribuyen al monitoreo
de los colectivos.
Es común que los militantes de estos grupos asuman el rol de agentes
de inteligencia en la parroquia. “Tenemos muy buena relación con el
dispositivo de seguridad Bicentenario. Pero, de igual forma, somos, como
quien dice, los que hacemos inteligencia social, eso es lo que
denominamos seguridad colectiva”, dice Longa.
No hay colectivo que
deje de repetir que la parroquia es “territorio de paz”. El mensaje es
reforzado en murales, y acompañado con la imagen de los ojos de Chávez.
Aseguran que son privilegiados en seguridad al compararse con el resto
de la capital, cuyas muertes violentas fueron 4.118 entre enero y
octubre, según cifras extraoficiales. Pese a ello, Miguel Rodríguez
Torres, ex ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, se reunió
con dirigentes de Alexis Vive Carajo durante 4 horas en la sede del
colectivo. El ex funcionario lo hizo 9 días antes de ser destituido de
su cargo y unas semanas después del allanamiento practicado por el
Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas al
edificio Manfredir, en Quinta Crespo, donde murieron 5 dirigentes de
colectivos. El encuentro lo hizo público en su cuenta en Twitter, colocó
unas fotos y las etiquetas Plan Nacional de Desarme y Patrullaje
Inteligente.
Fuego en el 23. Pese a que lo colectivos aseguran ofrecer seguridad,
en el 23 de Enero se registran homicidios. Un ejemplo es el de William
García Castejón, escolta de Walter Gavidia (presidente de la Misión
Negra Hipólita, ex diputado del Parlamento Latino de la Asamblea
Nacional y ex esposo de Cilia Flores). El hombre fue asesinado a tiros
la madrugada del 22 de enero cuando pasó en su motocicleta por una
supuesta alcabala en Sierra Maestra, ubicada en la parroquia. Iba con
Ivo Pirela que sufrió heridas de balas. Ambos estaban en las filas del
colectivo José Felipe Pirela.
El caso colocó, algunos días, en la
lupa a otro colectivo. Los medios de comunicación reseñaron que
detuvieron por el crimen a Heiber Otsuguar Lezama Mayora, mientras
estaban solicitados por los cuerpos policiales otros hombres. Señalaban a
los presuntos homicidas como militantes de Tres Raíces y que el motivo
del crimen obedeció a pugnas por territorios. Pero el grupo, que opera
en las zonas E, F y El Mirador de la parroquia, no tardó en deslindarse
de los implicados: “No hemos sido partícipes en los hechos mencionados.
Es irresponsable señalar a la Fundación Tres Raíces, además no
conocemos a ninguna de esas personas”, aseguraron el 28 de enero a El
Nacional.
Las fronteras son punto de honor. A excepción del liceo
Manuel Palacios Fajardo, antiguo centro de votación de Chávez, donde se
concentran estampas de varios colectivos; son pocos los espacios
compartidos en la parroquia. Es solo la fachada de la territorialidad.
Hay una cláusula tácita de respeto, especialmente por los espacios,
entre los colectivos del 23 de Enero. Si alguno osa violarla, gana la
enemistad de muchos, según líderes de los grupos.
Glen Martínez,
dirigente de Radio 23, asegura que la responsabilidad, en ocasiones, es
una cuenta que se lleva a solas: “Cada colectivo es autónomo, como cada
persona. Cada individuo es responsable de sus actos. Cada colectivo
asume sus responsabilidades como sujeto. Si hay algún funcionario que
rompa la ley, no por esos individuos toda la institución puede ser
juzgada”.
Pero el respeto por los espacios es una norma pocas
veces violada. Salvo excepciones –algunas incluyen salir del 23 de
Enero–, los colectivos, en su mayoría, coinciden en que están
atrincherados en sus territorios. Guadalupe Rodríguez, de la
Coordinadora, dice cuál es la excepción: “No somos grupos de choque,
pero donde sintamos que el proceso esté amenazado allí vamos a estar.
Estamos ganados a este proceso y somos producto de lo que vivimos con
nuestro Comandante (Chávez) y no lo vamos a perder”.
#Redesdecombate
Tienen cuentas de Twitter, blogs, páginas web, televisoras,
periódicos y radios. Los usan para organizarse durante las elecciones y
difundir sus actividades.
Los colectivos que operan en la
parroquia 23 de Enero utilizan los medios de comunicación y redes
sociales para difundir sus mensajes e, incluso, para operar en
situaciones de contingencia. Son cuatro emisoras de radio, una
televisora, y al menos tres periódicos comunitarios, cuentas en Facebook
y Twitter y blogs que son administrados por colectivos del 23 de Enero.
Guadalupe
Rodríguez, dirigente de la Coordinadora Simón Bolívar y representante
de la emisora Al Son del 23 –escuchada por el dial 94.7 FM– explica que,
aunque cada colectivo es independiente, no han descartado compartir
frecuencias entre las emisoras en caso de una emergencia. “La radio es
un medio que nos permite organizarnos. En época de elecciones varios
colectivos de la parroquia evaluamos qué hacer en caso de contingencia
y, cuando se va la luz, les permitimos a las demás pegarse a nuestra
frecuencia”, dijo.
La Coordinadora Simón Bolívar utiliza su blog
www.alsondel23envivo.blogspot.com para subir noticias vinculadas con
actividades que realizan en la parroquia y para compartir las
informaciones que suben en su cuenta de Twitter @RadioAlSonDel23.
Glen
Martínez, líder del colectivo Radio 23, explica que la fundación de la
emisora 92.5 FM el 24 de junio de 2004 fue una excusa para agruparse
como colectivo: “Somos aproximadamente 50 personas. La radio era el
pretexto ideal para armar una organización en torno a ella. Aprovechamos
para hacer de esa organización un colectivo”. Esta agrupación cuenta
además con el periódico comunitario El Combativo.
La fundación del colectivo Alexis Vive Carajo, además de contar con
la emisora y planta televisiva Arsenal, tiene el medio impreso El Panal y
su blog en la dirección www.colectivoalexisvivecarajo.blogspot.com,
mientras que el colectivo La Piedrita tiene la radio comunitaria 95.1
FM, cuentan con la página web www.lapiedrita951fm.info y a través de su
cuenta en Twitter @rdcomlapiedrita comparten las actividades que
realizan en la comunidad. La mayoría aprovecha esos espacios para dar
mensajes combativos y transmitir su ideología política a favor del
gobierno chavista.
Con la misma Piedrita
La
existencia de los colectivos armados no es desconocida para el gobierno
nacional. El 7 de febrero de 2009 el expresidente Hugo Chávez desaprobó
públicamente el comportamiento de Valentín Santana, líder de La
Piedrita: “Él dice que si consiguen a determinada persona, con nombre y
apellido, lo van a matar. Yo llamé a la fiscal general para que tomen
acciones. Esa persona (Santana) debe ser detenida, porque nadie puede
andar amenazando de muerte a nadie, ni tomarse la justicia por su propia
mano”. Sobre Santana ya pesaban dos órdenes de captura por,
presuntamente, estar involucrado en homicidios. Estas declaraciones de
repudio fueron hechas en un momento en el que Chávez se jugaba su
permanencia en el poder: ocho días antes del referéndum por la enmienda
constitucional en el que se votaría la opción de elección continua de
todos los cargos escogidos por voto popular propuesta por el jefe de
Estado. El “sí” venció, Chávez garantizó su reelección, la fiscal Luisa
Ortega Díaz no “tomó acciones” y Santana no perdió su dominio.
El polémico líder de La Piedrita se mostró en público hace dos años.
Dirigió un discurso en el 23 de Enero para conmemorar el derrocamiento
del dictador Marcos Pérez Jiménez. Lo hizo acompañado de niños
–fotografiados con fúsiles, supuestamente de juguete–, militantes del
colectivo y del fallecido diputado Robert Serra. Su exposición continuó
ofreciendo entrevistas a periódicos. Nadie pudo detenerlo en el 23 de
Enero, un territorio bajo el control de colectivos. El Cicpc practicó un
allanamiento en la sede de La Piedrita el 11 de febrero de ese año, con
la finalidad de capturar a Santana, pero no lo logró: aún permanece
prófugo.
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