José Useche y Ricardo Zambrano
De la identidad a la independencia. La
independencia no es el hecho que inicia la formación de una identidad
venezolana, afirma el historiador, es la existencia o el nacimiento de
una identidad venezolana lo que va dando forma y hace emerger el proceso
independentista venezolano.
“La independencia ocurre siempre y
cuando ocurra antes un proceso de identidad, un fenómeno identitario. Si
nosotros no nos sentimos venezolanos, no vamos a hacer la
independencia. Esto no es un problema de pensamiento sino de
sentimiento”, señala.
Para explicar la formación de ese
sentimiento de identidad necesario para buscar la independencia, el
historiador acude al pensamiento de Leopoldo Zea, filósofo mexicano que
al hablar de las distintas independencias de naciones latinoamericanas,
desarrolló el concepto de “Orgullo Telúrico”; noción a través de la cual
explicó que el habitante de estas tierras, antes de los procesos
independentistas, empezó a sentirse dueño real de ellas, y por tanto,
presuroso, acogió la empresa de liberarlas para dominarlas.
El Orgullo Telúrico, resalta Elías Pino,
es el proceso que enciende la llama desencadenante del proceso de
emancipación de Venezuela. “Al sentirse varón y señor de la tierra, es
decir, cuando ya me diferencio del metropolitano, construyo una frase
que se repite mucho en la Venezuela del siglo XVIII y comienzos del
siglo XIX: Somos americanos y no gachupines, es decir, no nos
parecemos a los españoles, somos distintos. Cuando ya te abriga ese
sentimiento de pertenencia, vas a hacer la revolución, es decir, vas a
hacer la independencia”.
Sin embargo, cuando se habla de este
nuevo sentido de pertenencia por la tierra, de identidad naciente, no se
puede generalizar a todos los estratos y aspectos de la sociedad
venezolana, porque la independencia es impulsada por un sentido de
pertenencia, pero pertenencia de aquellos que en la estructura social
colonial tenían la capacidad de poseer tierras, entre otros privilegios
sociales. “La identidad es un fenómeno propio de aquella época histórica
de Hispanoamérica, propio de las élites –resalta Pino Iturrieta–.
Cuando las élites se identifican con su propiedad, con su tierra, con
sus intereses, son capaces de tirar los dados en la ruleta de la
independencia”.
El sentimiento de pertenencia; esa
identidad venezolana que se fue formando durante la segunda parte del
siglo XVIII, abrió las puertas al pensamiento de la ilustración, a las
ideas modernas, apropiándose de ellas para sentar las bases y fundar la
nueva República.
“Estamos hablando de la identidad como
un sentimiento. Es el abono que permite la entrada del pensamiento y el
ajuste o adecuación de ese pensamiento moderno a sus necesidades, a sus
prioridades; entonces llegamos a los sucesos de 1810, que no se producen
para buscar una identidad, sino para afirmar la que ya existía y para
convertirla en realidad. Es un proyecto político que nace de la previa
existencia de esa identidad”, afirma.
En ese mismo sentido, el año de la
declaración de independencia sólo sienta las bases de la creación de la
República, puesto que su construcción se entiende en términos
progresivos, en la medida en que la nueva situación, el nuevo orden
estructural del país, iba integrando, a través del discurso y otras
formas, esa gran parte de la sociedad que no compartía con las élites
iniciadores y responsables de la gesta emancipadora, el mismo sentido de
pertenencia e ideas de organización.
La República. Moral y Luces. Para
Elías Pino, el proceso de independencia no debe ser menospreciado,
puesto que significa la ruptura que da origen a Venezuela, dado que las
concepciones de gobierno establecidas durante trescientos años de
colonia dejaron de privar. La idea de monarquía y del derecho divino del
rey se sustituyen por ideas de república y de soberanía.
Adicionalmente los cambios sufridos en
la raíz estructural del país tuvieron consecuencias en la vida social,
porque “esta ruptura de los hechos, es la ruptura de los espacios
estamentales. En la colonia cada quien vive en su lugar; el pardo vive
con los pardos y no puede vivir con los indios ni con los blancos. Eso
se rompe por completo, los pardos cogen calle y a ese pueblo que coge
calle hay que cuidarlo o hay que controlarlo. Y ¿por qué se le temía a
ese pueblo? Porque nunca había actuado como estaba actuando ahora. Esa
es la ruptura”.
Esa nueva realidad es el ambiente en el
cual los dirigentes de la independencia inician, más allá de las
estructuras ya creadas, la formación de la República en el nuevo orden
existente, donde se intenta desde las élites, sumado al sentido de
pertenencia, llevar los conceptos modernos de la Ilustración a esos
grandes grupos sociales desconocedores de la forma de organización
republicana.
Moral y Luces son nuestras primeras
necesidades. “Cuando Bolívar dice eso, ¿qué nos quiere decir? Tenemos
que darles morales, darles luces. ¿Quiénes? Nosotros, los grandes
maestros, las instituciones, los tutores de estos muchachos que son muy
buenos, pero son jóvenes e inexpertos. Vamos a dárselas y llegará el
momento en que puedan manejarse en libertad e igualdad, pero de momento
por su inexperiencia, por su falta de familiaridad con la realidad
republicana, tenemos que mantenerlos dentro del corral y dárselas poco a
poco”.
El historiador resalta que, más allá de
enjuiciar en la actualidad estas sentencias con los conceptos de
justicia, igualdad y libertad manejados en el siglo XXI, se debe
entender que no son equiparables con el manejo y uso de esos conceptos
en el siglo XIX, cuando eran esgrimidos por personas formadas en una
sociedad colonial de castas, por lo cual entendían hacer la
independencia “no para que ellos sean mis pares, sino para que ellos se
incorporen bajo mi tutela”.
Anti republicanismo. Para
el historiador, tras conseguir la independencia, el trabajo pendiente
en Venezuela sigue siendo crear la República, pero adaptada a nuestras
realidades, a nuestra actualidad como país y a la del mundo; sin
embargo, hay factores en la historia que han impedido la consolidación
de un estado y una sociedad republicanos.
Un factor que Iturrieta considera dentro
de esta concepción anti republicana es el personalismo, repetido en
distintas ocasiones a través de la historia nacional. Un personalismo
que principalmente nace como producto de la ruptura con el estado
monárquico, esa ruptura dada con el estado colonial luego de la
emancipación de Venezuela.
“Bolívar es la encarnación del
personalismo, Páez la encarnación del personalismo, los hombres de armas
son la encarnación del personalismo, la aparición de liderazgos
regionales son vinculadas con los personalismos”. Y este personalismo no
se encuentra únicamente en los actores históricos de la independencia.
Se extiende en el tiempo, acercándose a nuestras épocas, pasando por
figuras como Guzmán Blanco, como Gómez, como Pérez Jiménez.
Personalismos como estos, a pesar del discurso republicano que
entonaban, forman parte de estos factores que niegan la República.
Pino Iturrieta sostiene que en la etapa
democrática el factor antirrepublicano existe igualmente en las
estructuras gubernamentales que dirigen las riendas del estado
venezolano. No obstante, los personalismos se ven transformados en
partidismos, desvirtuando de igual forma la naturaleza del estado
republicano mismo.
País archipiélago. Otro
factor referido por el historiador son las condiciones geográficas del
territorio nacional, las cuales impidieron, durante muchos años, la
consolidación de la República, sobre todo por la falta de
infraestructura y vías de comunicación para conectar el país. Estas
dificultades imposibilitaron comunicar un mensaje homogéneo, provocando
un país archipiélago donde se forman, progresivamente, ínsulas o
penínsulas de anti república, que no permiten la planificación de un
proyecto de país republicano, ocasionando que el discurso
independentista se desconectara paulatinamente de la realidad del país.
El nacimiento de espacios alejados del
orden republicano fue ocasionado también por ser Venezuela un país
pobre, condición que empieza a cambiar con la aparición del petróleo;
pero a pesar del surgimiento de la Venezuela de recursos petroleros, el
país no logró construir la sociedad republicana, puesto que: “Cuando hay
dinero, el dinero no se usa para subsanar esas falencias de anti
republicanismo y de antiliberalismo, sino para profundizar la anti
república y para convertirse en (Estado) donador de favores o en
administrador de castigos, es decir, para seguir castrándote como
republicano”.
Estos factores, concluyó Pino Iturrieta,
ayudaron a la no formación de ciudadanos, los cuales son la materia
prima de la República. Ese ciudadano que se fundamenta en el orden y en
el compromiso por el bien común, es requerido, exigido y necesitado por
la República.
Refrescar la independencia. Buscando
caminos en el inmenso horizonte, Pino destaca la importancia que debe
tener para nosotros, y para el desarrollo del país, mirar cada cierto
tiempo hacia la independencia, pero no para repetirla, sino para
refrescarla; para ajustarla a nuestras vivencias y preocupaciones,
reviviendo todo aquello planteado en papel, en el credo de nuestra
fundación, para intentar convertirlo en realidad, ya que la
independencia nos legó el más importante tesoro de la nación, el credo
republicano, y desde entonces en nuestra sociedad nadie ha jurado ni
negado ese credo.
Resaltó, igualmente, que no se debe intentar calcar el ideario de Bolívar, y recordando a la escritora Ana Teresa Torres en La Herencia de la Tribu,
explica cómo el imaginario heroico, bélico, romántico, el de las
batallas de nuestra independencia, estorba en la formación de un mejor
país, porque es necesario entender que la obligación no es la
independencia, sino la República.
Por eso, refiriéndose al ideal heroico
que ha plagado nuestra historia nacional, el historiador señaló que: “La
solución no está allí, la solución está en nuestros días, pero
partiendo de un credo, del credo republicano, que es el que importa como
obra y como herencia de la independencia”.
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