En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/18/orlando-viera-blanco-explorando-venezuela-desde-malasia/
Orlando Viera-Blanco
Venir a Malaysia es una experiencia excitante de contrastes urbanos,
culturales y políticos. Es un encuentro con la sencillez de un pueblo
que no para de demostrar su amabilidad y humildad. Un pequeño país del
sureste asiático, con un tercio del territorio venezolano (327.000 kms2)
e igual población (28MM/Hab.), muestra una de las economías más sólidas
del planeta. Es uno los destinos turísticos preferidos del mundo,
primer productor de semiconductores y primeros en producción de estaño,
aceite de palma y caucho en la región… Cuánto no podríamos haber hecho y
tenido en Venezuela tan solo con un poco de esa misma humildad,
honestidad y sensatez.
Les confieso a mis lectores que el viaje se me ha tornado nostálgico y
reflexivo. Llegar a Kuala Lumpur y observar un aeropuerto a lo menos
diez veces Maiquetía en dimensión; moderno, habilitado para atender 250
aeronaves de cuerpo ancho en igual número de gates y organizado a tope,
me pone a sacar cuentas de nuestro despilfarro. Acceder a la capital por
una autopista (Norte-Sur) de cuatro canales a todo asfalto y concreto, a
través de hermosos platanales de palma en medio de un desarrollo
inmobiliario regio, hasta llegar a un conglomerado de hierro y concreto
que ofrece a la vista las torres gemelas más altas del mundo, las
Petronas, más metro-rieles, palacetes, centros comerciales, todo ello en
medio de un centro financiero, hotelero, cultural y social
impresionante, hace inevitable poner el contador en marcha y preguntarse
cuántas autopistas, rascacielos, hospitales, viviendas, canchas,
universidades, trenes, aeropuertos, y en fin, cuánta vida seria,
acomodada y próspera hubiésemos podido tener, si nuestra actitud y
probidad, fuese otra. Porque no podemos reducir toda nuestra tragedia a
Chávez. Los venezolanos hemos sido agresivos, displicentes e
irresponsables en nuestra conducción grupal y ciudadana, amén de los
derroches y dejadeces de nuestras elites políticas de ahora y de antes.
Como amante y docente de cultura comparada, es inevitable regresar a las
líneas positivistas de Taine, Saint-Simon, Hume o Emmanuel Kant, y
destacar “el culto a la humanidad de la escuela de Comte”, esto es, la
fuerza del espíritu como autoridad moral de los grupos sociales y “la
disciplina de la modestia, que es la gran virtud”. El malayo es
esencialmente honrado y dispuesto. Un saber positivo que atiende
humildemente las cosas. Que se presenta ante ellas sin saltar por
encima, sin retrechería, ni lanzarse a juegos de ideas falaces. No pide
causas, ni razones, ni explicaciones. Las da. Viven en una sana
neutralidad, en paz. Gracias a esta austeridad resuelven su vida día a
día… porque lo que hay que decir y repetir, nos hunde a los venezolanos,
es la búsqueda de nuestras soluciones, husmeando (y cuestionando) la
vida del vecino.
Malaysia en definitiva es un país alegre, jubiloso, emprendedor, con
reglas de vida sencillas, pero rendidoras. Para cada ocasión tienen una
salida cálida. Si Ud. pide un cigarrillo, le dan dos. Ellos dicen: “si
estás feliz, yo estoy feliz”. No les interesa la propina sino el deleite
de su cliente. Porque en esa medida volverá y así conservan su trabajo.
La visión es ser amable a largo plazo. Cero rapacidad. Cero hostilidad.
Si ven a su mujer contenta o agradecida, le dicen: consérvela así.
“¡Happy wife, happy life!”. Su sentido familiar viene de sus orígenes
Senoi y Samg, tribus nativas de mezcla indonesia y austral, que
desarrollaron un profundo afán comunitario, y supieron derrotar a
conquistadores portugueses (Alburquerque), ingleses y nipones. No se
respiran ni egoísmos, resentimientos o denteras históricas. El Sultanato
(trece territorios gobernados por sultanes autónomos) ha sabido
integrar la prosperidad de su economía a sus indígenas, mediante la
implementación de programas de ayuda para el desarrollo agrícola
sustentable. El crecimiento de Malasia en los 80 y 90 fue de un 8%
interanual, lo cual les permitió pasar del subdesarrollo a la
industrialización. La construcción de megaproyectos urbanos no para. Los
centros comerciales, repletos. Su gente, asistencial. Nos perdimos a
medianoche por unos callejones y de inmediato “una junta” con un
batallón de celulares en mano buscando en Google Map, nos condujo a
puerto seguro. Uno siente que la buena fe existe… y uno palma con dolor
cómo la hemos perdido en Venezuela. Y no porque hayamos degenerado, sino
porque es imposible ayudar a nadie en mi país a media noche, y ¡menos
exhibiendo un smartphone, sin perder la vida!
Venir a Malaysia me hizo anhelar más mi Venezuela noble, próspera,
trepidante, alegre y en paz. Al escribir estas líneas leo que Gaby
Arellano gana FCU en la ULA. También leo que la MUD expresó no poder
hablar de Leopoldo López “porque en elecciones no toca ese tema”. Pues
nada. El tema es desechar esa soberbia y mezquindad política, y apoyar
lo que sí nos sacará adelante: la entereza libertaria y gallarda de
nuestros jóvenes. Es lo que hizo grande, próspera e industrial a
Malaysia apenas a sus 57 años de independencia… ¡Falta menos!
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