Por 4.000 millones de dólares el mundo tiene los ojos puestos en Petrobras y la presidenta de Brasil anuncia que se acabó el tiempo de la impunidad. Pero, ¿y PDVSA? Aquí las cuentas superan cualquier cálculo.
Por Juan Antonio Avellaneda
(Londres).-
Esta semana el mundo financiero y petrolero mundial han sido conmocionados con el escándalo de corrupción de Petrobras, empresa que cotiza en las bolsas de Sao Paolo y Nueva York, y en la que el estado Brasilero mantiene una mayoría accionaria. Sobrefacturación, contratos de construcción con precios ficticios, la compra de una refinería en Estados Unidos, entre otros hechos, salpican a ejecutivos petroleros, políticos y a las empresas tradicionales de construcción del país.
Un brasilero en Londres me comentaba: los negocios como consecuencia de Petrobras unían al sector petrolero tradicional, a los políticos emergentes del Partido de Lula y a las empresas tradicionales históricas ( la crema empresarial de Sao Paolo). Todos amigos a pesar de sus diferencias políticas e ideológicas con el propósito de obtener ganancias extraordinarias con contratos de la petrolera.
Ayer en Australia, la Presidenta Rouseff dijo que “ el caso de corrupción en la petrolera estatal Petrobras cambiará Brasil y supondrá el fin de la “impunidad”. Según el cable de Reuters, todo este escándalo involucra unos 10.000 millones de reales, o lo que es lo mismo: US$ 4.000 millones.
Si por cuatro mil millones de dólares los ojos del mundo financiero están encima de Petrobras, qué pasaría si el presidente Maduro se atreviese a un sacudón en PDVSA, donde la cifra de dinero desviado, malversado o mal usado no se sabe a cierta ciencia a cuánto alcanza pero seguramente supera cómodamente los cuatro mil millones de dólares.
La consecuencia de esta mala gerencia de PDVSA ha llevado a la situación actual de la industria en la cual, la segunda mayor refinería del mundo ( Paraguaná) se encuentra en sus niveles más bajos de refinación lo que ha obligado a importar gasolina. Parte del problema es el suministro eléctrico, el cual históricamente lo proveía Genevepca, una filial de La Electricidad de Caracas que se autoabastecía con gas y coque de Cardón, todo un ejemplo de cómo un activo estratégico tenía su propia generación eléctrica. Pero se nacionalizó al mismo tiempo que se creó Corpoelec y ya sabemos la historia: no hay electricidad, la refinería no funciona y no hay productos. Esto sin contar el incendio que destruyó parte de la misma y donde el tema de los seguros es todo un misterio.
El tema del coque, desecho petrolero que PDVSA manejaba excelentemente en alianza con empresarios italianos, permitía que el crudo pesado se diluyera. Era de nuevo un proceso que se auto procesaba. Los intereses por estos jugosos contratos de manejo de coque llevaron a la total paralización de estas plantas, provocando, como se ha venido denunciando, un problema ecológico cerca del Complejo de Jose en Anzoátegui, así como la importación de crudo liviano.
En el tema financiero, ya lo hemos tratado, las comisiones hicieron que se depositara dinero en un banco como el Espiritu Santo que no cumplía los requerimientos mínimos de solidez. Hoy en día se especula sobre cuánto perdieron PDVSA y los boliburgueses petroleros en esa institución.
Estos tres ejemplos son algunos de tantos en donde los intereses por una comisión, por el enriquecimiento personal ,estuvieron por encima del intereses empresarial. Como se ve, esto ocurrió en todos los departamentos, en refinación, en la tesorería, en la producción petrolera de PDVSA.
Desde aquí de nuevo le hago otra invitación al Presidente Maduro: atrévase a un sacudón en PDVSA. Destape esa olla podrida, vea lo que le está pasando con Petrobras y su colega Rouseff.
Esta semana el mundo financiero y petrolero mundial han sido conmocionados con el escándalo de corrupción de Petrobras, empresa que cotiza en las bolsas de Sao Paolo y Nueva York, y en la que el estado Brasilero mantiene una mayoría accionaria. Sobrefacturación, contratos de construcción con precios ficticios, la compra de una refinería en Estados Unidos, entre otros hechos, salpican a ejecutivos petroleros, políticos y a las empresas tradicionales de construcción del país.
Un brasilero en Londres me comentaba: los negocios como consecuencia de Petrobras unían al sector petrolero tradicional, a los políticos emergentes del Partido de Lula y a las empresas tradicionales históricas ( la crema empresarial de Sao Paolo). Todos amigos a pesar de sus diferencias políticas e ideológicas con el propósito de obtener ganancias extraordinarias con contratos de la petrolera.
Ayer en Australia, la Presidenta Rouseff dijo que “ el caso de corrupción en la petrolera estatal Petrobras cambiará Brasil y supondrá el fin de la “impunidad”. Según el cable de Reuters, todo este escándalo involucra unos 10.000 millones de reales, o lo que es lo mismo: US$ 4.000 millones.
Si por cuatro mil millones de dólares los ojos del mundo financiero están encima de Petrobras, qué pasaría si el presidente Maduro se atreviese a un sacudón en PDVSA, donde la cifra de dinero desviado, malversado o mal usado no se sabe a cierta ciencia a cuánto alcanza pero seguramente supera cómodamente los cuatro mil millones de dólares.
La consecuencia de esta mala gerencia de PDVSA ha llevado a la situación actual de la industria en la cual, la segunda mayor refinería del mundo ( Paraguaná) se encuentra en sus niveles más bajos de refinación lo que ha obligado a importar gasolina. Parte del problema es el suministro eléctrico, el cual históricamente lo proveía Genevepca, una filial de La Electricidad de Caracas que se autoabastecía con gas y coque de Cardón, todo un ejemplo de cómo un activo estratégico tenía su propia generación eléctrica. Pero se nacionalizó al mismo tiempo que se creó Corpoelec y ya sabemos la historia: no hay electricidad, la refinería no funciona y no hay productos. Esto sin contar el incendio que destruyó parte de la misma y donde el tema de los seguros es todo un misterio.
[Si por cuatro mil millones de dólares los ojos del mundo financiero están encima de Petrobras, qué pasaría si el presidente Maduro se atreviese a un sacudón en PDVSA, donde la cifra de dinero desviado, malversado o mal usado no se sabe a cierta ciencia a cuánto alcanza pero seguramente supera cómodamente los cuatro mil millones de dólares].
El tema del coque, desecho petrolero que PDVSA manejaba excelentemente en alianza con empresarios italianos, permitía que el crudo pesado se diluyera. Era de nuevo un proceso que se auto procesaba. Los intereses por estos jugosos contratos de manejo de coque llevaron a la total paralización de estas plantas, provocando, como se ha venido denunciando, un problema ecológico cerca del Complejo de Jose en Anzoátegui, así como la importación de crudo liviano.
En el tema financiero, ya lo hemos tratado, las comisiones hicieron que se depositara dinero en un banco como el Espiritu Santo que no cumplía los requerimientos mínimos de solidez. Hoy en día se especula sobre cuánto perdieron PDVSA y los boliburgueses petroleros en esa institución.
Estos tres ejemplos son algunos de tantos en donde los intereses por una comisión, por el enriquecimiento personal ,estuvieron por encima del intereses empresarial. Como se ve, esto ocurrió en todos los departamentos, en refinación, en la tesorería, en la producción petrolera de PDVSA.
[En el tema financiero ya lo hemos tratado, las comisiones hicieron que se depositara dinero en un banco como el Espiritu Santo que no cumplía los requerimientos mínimos de solidez. Hoy en día se especula sobre cuánto perdieron PDVSA y los boliburgueses petroleros en esa institución].
Desde aquí de nuevo le hago otra invitación al Presidente Maduro: atrévase a un sacudón en PDVSA. Destape esa olla podrida, vea lo que le está pasando con Petrobras y su colega Rouseff.
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