En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/22/leonardo-morales-p-maduro-de-carreritas/
Leonardo Morales
Al presidente Maduro se le vio pegando carreritas debidamente
sazonadas con las arengas de rigor y las cadenas de medios de
comunicación de siempre, para ocultar el estrepitoso fracaso que
significó la Ley Habilitante concedida hace un año. Seguro que algún
funcionario le susurró: presidente se está venciendo el lapso de la Ley
Habilitante y no se ha legislado como correspondía.
Contra la corrupción, una ley habilitante. Fue su argumento más
fuerte; Maduro sorprendió a muchos anunciando la necesidad de enfrentar
la corrupción. “…una colección de dificultades que bien podríamos
bautizar con el nombre de Cadivismo”. Se refería, imaginamos que lo
sabía, a esa estructura instaurada durante la gestión de su “padre
político”.
Lo que nos quería decir un aparente honesto y angustiado
Maduro era que durante la gestión de Chávez el funcionariado
revolucionario –no dijo en cuales niveles- había adquirido un
comportamiento que le permitía recibir recompensas indebidas por los
servicios prestados. Esto, por supuesto, visto desde la perspectiva
según la cual la corrupción no es más que “…el comportamiento ilegal de
aquel que ocupa una función en la estructura estatal.”
La angustia, si acaso la hubo, duró poco. Ungido por la AN para
legislar durante un año sobre la corrupción el presidente no hizo nada.
Un alto dirigente del PSUV, varias veces ministro, afirmó: “En lugar de
una cacería de brujas, debería investigarse la corrupción en Mercal, en
Cadivi.” Héctor Navarro fue oído y sancionado por la cúpula dirigente
por atreverse a señalar lunares cancerosos dentro del gobierno.
Obviamente Navarro coincide con Maduro en que durante la gestión del
gran Líder la corrupción infectó buena parte de la administración
pública, así mismo, otro dirigente rojo como Nicmer Evans, señala que sí
bien Maduro es parte del legado de Chávez “…otra cosa es ser cómplice
de la corrupción.”
Todo indica que la corrupción hizo metástasis durante la gestión de
Chávez y ha continuado debilitante la institucionalidad del país sin
que medie acción alguna que permita sanear la administración pública. La
corrupción dejó de ser un secreto. Entre ellos se acusan y compiten
para ver quién paga el whisky más caro del mercado.
Las leyes-xpress están dirigidas a dictar más controles que
por lo general derivan en corrupción, por lo que el ciclo seguirá
abierto para que la oligarquía roja siga amasando grandes fortunas.
Estas leyes aprobadas al trote, a última hora, no son más que
reformas a otras ya existentes. No había mucho tiempo, dirá el heredero
para excusar la improvisación, pero sí ha debido ser una oportunidad
para que la oposición demostrará a los venezolanos que tenía a razón en
oponerse a su aprobación. Pero no, en estos tiempos la oposición vive de
la contemplación y no de la demostración.
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