En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/20/william-anseume-maduro-desarme/
William Anseume
El presidente obrero realizó un pésimo e ingrato anuncio
espectacular. Indicó que sus colegas estarán oficialmente armados. Habrá
así una “Milicia obrera bolivariana”, portadora de armamentos en “todos
los centros de trabajo”. Alocadas expresiones imposibles de llevar a
cabo en ningún lugar racionalizado. ¿Qué implica un anuncio así? ¿La
expresión de un terrorismo de estado inoculado en cada centro laboral?
¿El control de los trabajadores y los lugares del desempeño productivo
por algún “sapo” superior en posibilidades belicosas? ¿La defensa
intrínseca de la patria por quienes sí la sienten de verdad?
¿Para qué esa ar-madura? ¿Qué teme el obrero presidente? Pareciera la
expresión de un miedo intrínseco por lo que sabe que vendrá: la
manifestación genuina e irrefrenable de un malestar incontenible, las
hordas exigiendo sus derechos: a vivir, a comer, a educarse a plenitud, a
poseer una vida digna producto de sus actividades laborales.
Al parecer no le ha bastado al gobiernito con controlar casi todas
las esferas públicas de difusión masiva: periódicos, radio, televisión,
libros, cadenas de librerías, carteles, vallas y panfletos, metro, tren,
teleférico…, para acallar las ideas contrarias. Ahora requiere que ni
el chisme se riegue en los lugares del desempeño laboral. Nos quiere a
todos calladitos y perseguidos, por un controlador armado, además; nos
quiere imponer a como dé lugar el pensamiento estipulado en el
“socialismo del siglo XXI”, ya que no puede por la vía del
convencimiento y la manipulación, accede a la violencia, visual y
enunciativa, de las armas.
Imagino los trabajadores custodiados por los milicianos, apostados en
los pasillos de las fábricas, un súper-jefe absolutamente convencido de
que Maduro es bueno, de que es el verdadero heredero del pensamiento
chavista, del comunismo, del Ché, de los Castro, de Mao, de los lejanos
rusos y chinos. Con su AK47 terciada para intimidar a quien murmure, a
quien lo mire feo, a quien tenga una mujer más bonita que la de él para
lucirla, quizá para más nada. Es este el otorgamiento de un súper poder
en medio de la que debe ser la labor productiva. “El estado te dice que
vengas a trabajar, que hagas lo que él diga y si no te sale”. ¿Qué le
sale? ¿Un tiro, dos, tres? ¿Si alguien habla de algo que no le guste al
“Estado”, representado por el miliciano, éste lo mata, o solo lo hiere, o
solo lo asusta? ¿Para qué estará ese miliciano allí armado? ¿Sólo para
vigilar? ¿Serán armas de juguete, dignas de ser probadas en su
in-utilidad? ¿O dispararán de verdad sobre quien quieran?
¿Y los requisitos para integrar lucubración tan aberrante y absurda
cuáles serán? ¿Haber matado? ¿Ser un digno integrante de alguna misión?
¿Haber echo un cursito de pararse firme con algún militarote que nunca
ha guerreado ni lo hará? ¿Y cuando el compañero de trabajo se canse de
los abusos, qué hará? ¿No se le sacará otra arma más potente? ¿No lo
esperará en la bajadita después de haberle zamureado a la mujer a juro?
¿O es que la violencia oficialmente impuesta así traerá ramos de flores
en su lugar?
Si delicado es decirlo con la ligereza del presidente; hacerlo,
aparte de impracticable, significaría quebrantar aún más el hilito que
queda de sostén y contén de este inmenso despropósito explosivo que es
hoy en día la república. Si lo que busca es refrenar las pasiones por
destruirlo todo, con la boca, o de acción, de mucha de la gente
quebrantada en su ser por no poder ser lo que quiere y como quiere, como
debería realmente ser, el efecto de las “milicias obreras
bolivarianas”, será justo el contrario. A menos que lo que se busque sea
el acabose fatal y definitivo de la incontinencia social, armada.
¿Cómo diablos queda la famosísima, sobre todo por estúpida en su
aplicación, Ley para el desarme y control de armas y municiones? ¿No es
una absurda contradicción oficial “Impedir, combatir y erradicar la
fabricación y el tráfico ilícito de armas de fuego y municiones; así
como crear los planes para ejecutar, coordinar y supervisar el desarme
de las personas naturales”, como señala explícitamente esta ley y
propiciar al tiempo que haya más elementos civiles armados que sin duda
causarán la protección también armada de los otros que rodean al
compañero trabajador para también contenerlo a tiros cuando se propase,
como todos sabemos hará con el poder que se le otorga?
El gobierno, su poderío y una parte importante de las Fuerzas
Armadas, quienes tienen el deber constitucional de velar por las armas
de la república y en ella, se van quitando la hipócrita careta de que no
son los generadores de la violencia consuetudinaria en nuestro país. Y
este absurdo ridículo de las milicias obreras, por suerte es
irrealizable, pero de hacerse será de una desproporción tal el resultado
que inundará mucho más de sangre todo y seremos indudablemente un país
más rojo.
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