Charito Rojas
19 Noviembre, 2014
Un hombre libre es aquel que, teniendo fuerza y talento para hacer una cosa, no encuentra trabas a su voluntad. Thomas Hobbes (1588-1679), filósofo y tratadista político inglés
Un país próspero es aquel que cuenta con un gobierno sabio, un pueblo trabajador y una clase dirigente capacitada para conducir esa nación hacia el desarrollo. Indudablemente otros factores, como la existencia de riquezas naturales, clima amable, tradición social y cultural, son determinantes en el logro del objetivo de prosperidad.
Pero hay un elemento que es como el agua al pez para que un país logre altos niveles de desarrollo en todo sentido: la libertad. Esa libertad que permite accionar, elegir, demostrar, competir, crear.
Venezuela es un rincón del planeta bendecido por la naturaleza: bellísimos paisajes de todo tipo, tierras fértiles, cuencas hidrográficas abundantes, exuberante flora y diversidad de fauna, un clima benigno y para completar, una riqueza incalculable en hidrocarburos y minerales en sus suelos.
Los venezolanos, con esa inyección de inmigrantes laboriosos provenientes de una Europa en guerra, neutralizaron esa natural flojera indígena e incrementaron la explotación de sus recursos. Gobernantes buenos y otros no tanto, entendieron que éste era un país con un enorme potencial de riqueza. La dependencia de la tierra dio paso al negocio petrolero, pero paralelamente se desarrolló una industria capaz de autoabastecer muchos rubros. La democracia y la bonanza llevaron Venezuela a ocupar un sitio entre los “países en vías de desarrollo” y su estabilidad política y transparencia electoral eran modelos a seguir por el resto de Latinoamérica.
Pero la prosperidad puso a prueba la integridad y muchos no soportaron honestamente el embate de los petrodólares, llevando a la corrupción y clientelismo que una revolución de origen militar ofreció acabar, para implantar un “nacionalismo endógeno” que se fue convirtiendo en una caricatura del obsoleto régimen cubano, al que el arribo de los revolucionarios venezolanos al poder permitió una bocanada de dólares y regalos que le otorgaron un segundo aire, gracias al dadivoso comandante.
Los 15 años de un gobierno que no es revolucionario, ni socialista, ni comunista, ni militar, sino todos ellos revueltos y mezclados con el castrismo para resultar en este pasticho ideológico intragable, han acabado con aquel país donde los jóvenes estudiaban “para ser alguien”, con la esperanza de prosperar, adquirir vivienda, tener negocio propio o desarrollar proyectos. Cualquier sueño era posible en esa Venezuela que albergó a propios y extraños bajo sus generosas alas.
Lo que hoy vemos es caos y desolación: las otrora activas zonas industriales están convertidas en pueblos fantasmas, con más del 40% de las empresas cerradas y el restante trabajando a menos de la mitad de su capacidad. Los centros comerciales son solo sitios de paseo, comida y cine, porque las tiendas están huérfanas de mercancía y sus precios inflacionarios son inalcanzables para la mayoría de los consumidores. Las empresas básicas “estratégicas” son una enorme carga para el estado, arruinadas, estatizadas y en proceso de entrega a factores extranjeros, al igual que la Faja del Orinoco y los grandes proyectos de construcción que son adjudicados a dedo a empresas chinas.
Venezuela sigue siendo el país de los tepuyes, de los llanos infinitos, los andes hermosos, las playas espectaculares. Pero el turismo se ha retirado porque la inseguridad los espanta: nadie puede siquiera bañarse en una playa sin temer que le roben, los paseantes esquivan los parajes solitarios, la basura y los abusadores imponen su ley en los más hermosos sitios. Las líneas aéreas no ofrecen confianza alguna en sus equipos, horarios ni responsabilidad. Los hoteles, deprimidos por la crisis, fallan en el mantenimiento y aseo. Las carreteras están algunas intransitables y otras destruyen cauchos y tren delantero.
Así vamos a llegar a Fitven 2014, la feria nacional de turismo que promueve a Venezuela como destino de viajeros, y donde acudirán “nariceadas” las agencias de viaje a punto de quebrar y las líneas aéreas a punto de chatarra. Indudable que la celebración en Barinas será una ordalía de poemas al finado, que los cantos y bailes serán hermosos, que las fotos convencerán a quienes no conozcan la realidad de nuestros hermosos sitios. Cualquiera que haya sido asaltado disfrutando de las tranquilas aguas de Morrocoy sabe de qué hablo.
Esta feria es una burla hacia los viajeros venezolanos, encerrados en el país sin dólares y sin pasajes, confinados en sus casas ante el temor de hacer turismo nacional. Todas las buenas iniciativas mueren ante tanta dificultad.
Sin embargo hay gente admirable, creativa, los venezolanos que aman su país y hacen su mejor esfuerzo por fundar emprendimientos que destaquen lo chéveres (y es en serio) que somos los venezolanos, lo avispados, elocuentes, cariñosos y solidarios. Sólo que estamos azotados por un cáncer que está haciendo metástasis para irse definitivamente. Por lo menos, del poder.
Una y otra vez repetimos: ¡somos libres!, para reafirmarlo y para recordárselo a quienes creen que la única forma de sobrevivir es mendigando a un gobierno cuya vileza le lleva a violentar los derechos y las libertades que como humanos nos pertenecen absolutamente.
Ya el método de insultar y descalificar no hace ninguna mella en quienes saben su valía y están hartos de tanta incapacidad. Los recursos violentos y violatorios de las leyes son utilizados descaradamente para atemorizar a quienes quieren vivir en libertad. La justicia injusta tiene una enorme deuda con los venezolanos, que requerirá de una “razzia” judicial y militar total. Los políticos tendrán que ganarse su puesto de líderes porque la sociedad venezolana está marcándoles el camino de la unidad, señalándoles cuál es el país que quieren.
Aún sin organicidad práctica, los venezolanos amantes de la democracia que rechazan el régimen incompetente y mentiroso, son cada vez más numerosos. Los intentos de organización cuajaran en el momento preciso en que el fin común se imponga por encima de cualquier interés particular. Cada vez el panorama es más claro. Y cada día más para los venezolanos libertarios, es un día menos para el régimen opresor. ¡Fuerza y Fe!
Aquí entre nos
El geólogo y ex director de PDVSA, Gustavo Coronel (quien además es un excelente columnista) da una explicación sobre qué es el petróleo de lutitas que está produciendo Estados Unidos y que según el presidente venezolano (que no es geólogo ni gerente) “está inundando el mercado mundial para bajar el precio del barril y su explotación puede causar fracturamiento de la corteza terrestre (sic)”. Veamos lo que dice Coronel al respecto: “El barril de petróleo de lutitas durmió un sueño largo y se llegó a pensar que nunca sería producido comercialmente. La razón era que se encontraba aprisionado en rocas muy poco permeables (muy densas, sin intersticios vacíos o porosos), las cuales no permitían que el barril saliera de su “prisión”. Un petrolero del sector privado, George Mitchell, se alió con el gobierno estadounidense para crear técnicas que permitiesen liberar ese barril. Por unos 25 años perseveró en su empeño, gastando una buena parte de su fortuna y la de otros. Finalmente logró estructurar un mecanismo de perforación de pozos horizontales para llegarle a las lutitas y, mediante la inyección de grandes volúmenes de agua a presión, fracturar la roca a fin de liberar el petróleo allí contenido. Este petróleo así producido es generalmente muy liviano y de buena calidad, a diferencia del barril de la faja y no requiere tratamientos costosos para ser comercializado. Sus problemas ambientales están relacionados con el uso intensivo del agua para el fracturamiento de las lutitas, lo cual hace que afecte a algunos sectores agrícolas y urbanos de los países donde se produce. Gracias a este barril de petróleo de lutitas USA ha dejado de depender, en gran medida, de la importación de petróleo extranjero y proyecta convertirse en exportador de petróleo en el futuro, lo cual representa una revolución mundial en el campo de la energía. Se piensa que en 2018 USA será el productor de petróleo mayor del mundo, superando a Rusia y a Arabia Saudita”. El que tenga oídos que oiga…
El Líbano, país que celebra su fiesta nacional el 22 de noviembre, es el único país del medio oriente que no tiene un dictador. Les ofrezco estos asombrosos datos de ese país desconocido, pese a que tenemos tantos libaneses en el nuestro. En Líbano se hablan 3 idiomas: árabe, francés e inglés. Circulan 40 diferentes periódicos diariamente y la alfabetización es del 99%. Tiene 42 universidades y 100 bancos. El 40% de la población es cristiana (el porcentaje más alto de todos los países árabes). Hay un médico por cada 10 habitantes, mientras que en Europa y América hay uno por cada 100. Tiene una población de apenas 3 millones y medio de habitantes, pero hay 10 millones de libaneses viviendo fuera del país. Beirut, su capital ha sido destruida y reconstruida 7 veces. El país ha sido ocupado en toda su historia por más de 16 países. Byblos es la ciudad más vieja del mundo que aun existe. Y un ejemplo a seguir: el nombre de Líbano ha persistido por 4.000 años sin cambiar, el nombre más viejo de un país existente.
La periodista Ibéyise Pacheco ha anunciado que estará en Valencia para la presentación de la obra teatral “Sangre en el Diván”, basada en su libro y con el primer actor Héctor Manrique en una impresionante actuación como el Dr. Edmundo Chirinos. “A todos nos sacudirá de nuevo Sangre en el Diván, ahora en teatro. Aplausos de pié para este hombre”, escribió Ibéyise respecto a la interpretación de Manrique, que ha batido la taquilla en Caracas con esta excelente pieza dramática. La periodista acaba de presentar una nueva edición del libro, que incluye un epílogo con la muerte del siquiatra. Para los que deseen su libro autografiado, llévenlo el 29 de noviembre al Teatro Celis Pérez. Imperdible ocasión.
Hasta el próximo miércoles.
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