Mientras las cancillerías de Estados Unidos y Venezuela acuerdan reducir a 17 los funcionarios estadounidenses en Caracas con el fin de equipararlos en número con la embajada de Venezuela en Washington, la presencia de los diplomáticos venezolanos se hace sentir en diferentes lugares del territorio de EE UU.
Por Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios (Miami).- Venezuela
tiene una fuerte presencia de funcionarios en Estados Unidos. Y aunque
en los diferentes desencuentros registrados a lo largo de estos últimos
años, algunos diplomáticos escritos en listas recíprocas de
conspiradores han sido expulsados y vueltos a recoger, siempre se han
mantenido delegaciones y representaciones de todo tipo en los estados
del territorio norteamericano.
En estas historias de
azufre, hipotecas de refinerías y corrupciones bancarias, la
representación diplomática venezolana ha ido mermando su número y
especialmente su cabeza, porque las relaciones entre ambos países no
cuentan con embajador desde el año 2010, cuando en agosto de ese
entonces, Hugo Chávez rechazó la designación de Larry Palmer y, en
diciembre, como respuesta, los norteamericanos le retiraron la visa al
embajador Bernardo Álvarez. Dos años más tarde, el presidente
bolivariano decidió que también iba a cerrar las puertas del consulado
de Miami porque previamente Estados Unidos había expulsado a la cónsul
Livia Acosta, por estar presuntamente involucrada en actividades
conspirativas con Irán.
Con este tejemaneje
de te doy y te quito, Estados Unidos mantiene en Venezuela su
representación diplomática solo en la Embajada y en el Consulado de
Caracas. Pero Venezuela, si se siguen las agujas del reloj, cuenta con
funcionarios en Puerto Rico, Washington DC, Boston, Nueva York, Chicago,
San Francisco, Houston y New Orleans.
Cada una de estas
delegaciones dispone al menos de cinco funcionarios, sin contar
asistentes y secretarias. Y aunque en las páginas web de esta
representación exterior no se extienden en sus directorios, sí
especifican cada uno de los servicios que prestan tanto a venezolanos
como a estadounidenses. El de Nueva York, por ejemplo, tiene 11
diplomáticos en la lista, con Calixto Ortega a la cabeza, quien además
reparte sus funciones con el Consulado de Houston y con determinadas
misiones que le son encomendadas.
Las funciones de
estas representaciones diplomáticas son variadas, desde legalizar y
apostillar documentos, a inscribir a los hijos de venezolanos, tramitar
pasaportes, autorizar viajes a menores de edad o repatriar a las
personas que han fallecido, pero hasta ahora nunca se habían puesto a
tramitar visas a los ciudadanos norteamericanos, con lo que tendrán que
iniciar un nuevo proceso y entrenar a los funcionarios en estos
menesteres. Se estima que con cinco o seis funcionarios no se van a dar
abasto, especialmente en San Francisco, donde el directorio solo
muestra a Tibisay Lugo como la cónsul General.
El consulado de
Puerto Rico es uno de los más entrañables, quizás sea porque su máximo
representante es el músico Jesús Sevillano Ferráz, pues en su página
destaca que “Venezuela tiene innumerables amigos en todos los pueblos y
naciones del mundo, pero especialmente en Puerto Rico, donde a diario se
nos muestra afecto fraternal, el mismo sentimiento que milita en cada
venezolano por cada puertorriqueño”.
Otro cantar es el de
la Embajada en Washington DC, que aunque no tenga embajador sí tiene un
encargado de negocios, Maximilien Sánchez Arvelaiz, cuya foto engalana
la página principal de la embajada, ilustrando una carta que envió nada
menos que a The New York Times. Aquí se cuenta un número mayor de
funcionarios, 17, según la cifra exacta del gobierno venezolano, que
pidió la equiparación. Tal vez en estas matemáticas no están sumados los
de otras secciones y agregadurías que aparecen en la mencionada página,
que puestos a sumar, dan más de 17, pero ellos habrán sacado sus
cuentas.
En esa página se
explica que “la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en
Washington DC es la más alta representación de la República en Estados
Unidos de Norteamérica y el canal de comunicación oficial con el
gobierno y el pueblo de este país. Su principal objetivo es proteger los
valores e intereses de la República y de sus nacionales en el marco
del derecho internacional, las buenas relaciones entre los pueblos y siempre bajo el principio del respeto a la soberanía y la autodeterminación.”
Pero ahí no quedan
todos los venezolanos que pueden pasear por el territorio norteamericano
con un pasaporte diplomático. Están los funcionarios de la Organización
de Estados Americanos y los de las Naciones Unidas, donde aparecen
María Gabriela Chávez y Rafael Ramírez. Ellos, aunque no son
representantes ante el gobierno de Estados Unidos, necesitan la
acreditación de los americanos para poder vivir en su territorio. Igual
les sucede a los del Banco Interamericano de Desarrollo, los del Banco
Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Panamericana
de la Salud.
En la lista también están los representantes del Banco Industrial de Venezuela. Sus oficinas están en Miami y en Nueva York.
Y queda por
contabilizar PDVSA que tiene oficinas en Nueva York y reparte, a través
de Citgo, combustible barato entre algunos pobladores del Bronx. Citgo
está asentada en Houston y su presencia en la zona es notoria.
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