En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/23/jesus-chuo-torrealba-cacerolazo-en-el-23-de-enero-asi-es-como-suena-caracas/
Jesús Chuo Torrealba
Los tiros del malandro, los gritos del atracado, el llanto de la
madre, de la esposa, de la hija; el ulular de la ambulancia que ruletea
al herido porque en ningún hospital hay los insumos o los aparatos
necesarios para atenderlo; el escándalo de los bares a cielo abierto en
esta ciudad sin ley; el estruendo de las motocicletas de alta cilindrada
usadas por sujetos que son “escoltas de enchufados” de día y “piqueros
impunes” de noche; el ladrido de los perros que en la alta madrugada
intentan espantar a los indigentes que hurgan en las montañas de
basura… Así, y no de otra manera, es como de verdad “suena Caracas”…
“A fulano de tal lo sonaron”, solían decir hace años los individuos
de mal vivir para indicar que uno de ellos había sido asesinado con
arma de fuego. Esa manera de conjugar el verbo “sonar” recibió incluso
el reconocimiento de la Real Academia de la Lengua: En su 7ma acepción
el DRAE afirma que “sonar” puede significar “Morir o padecer una
enfermedad mortal. Fulano sonó. Nuestro amigo está sonado”.
En su octava acepción el diccionario de la Real Academia nos dice que
“sonar” también puede significar, en caso de que sea “dicho de una
persona o de una cosa: Fracasar, perder, tener mal fin. El negocio sonó”.
En su novena acepción, el DRAE nos da otro significado posible del
verbo “sonar” y pone un ejemplo que parece redactado especialmente para
Venezuela: “Sufrir las consecuencias de algún hecho o cambio. Los inquilinos estaban bien, pero sonaron cuando se dictó la nueva ley de alquileres”.
Es ese el sentido en que debemos entender que la Alcaldía del
Municipio Libertador le haya puesto “suena Caracas” a un evento que con
nueve días de música pretende hacernos olvidar 15 años de malos
gobiernos: los que asesinaron la convivencia, los que han permitido y
estimulado que el hampa sea dueña y señora de los espacios públicos, los
que permitieron que la Policía que debe proteger a los caraqueños se
convierta en una institución degradada e intervenida; los que en vez de
urbanizar los barrios ranchificaron al resto de la ciudad, ahora
reconocen públicamente que ellos “sonaron a Caracas”. Y, además, lo
dicen con musiquita y desparpajo.
Pero Caracas también suena a protesta, a rabia, a indignación
popular. Estos eventos que a continuación enumeramos no fueron
televisados, pero ocurrieron: El pasado jueves 20 un intenso cacerolazo
estremeció la noche en un sector de Caracas. No era El Cafetal, no era
Macaracuay, no era Terrazas del Ávila, urbanizaciones cuyos combativos
habitantes a menudo utilizan ese recurso de protesta. No. ¡Era la
comunidad del 23 de Enero, en pleno corazón del oeste de Caracas,
protestando enardecida por un apagón de más de dos días! La fortaleza
del cacerolazo fue tal que ensordeció a los grupos irregulares que
generalmente se ubican en los alrededores del lugar llamado “El Rincón
del Taxista” para desde allí desplazarse para aplacar, si surge, alguna
protesta. ¡Esta vez no pudieron hacerlo, pues la protesta surgió de
todos lados, al mismo tiempo! Desmoralizados, los integrantes de esos
grupos paramilitares fueron “a recrearse” en unos locales presuntamente
ubicados en el Bloque 45, zona central, sector “el ciempiés”, donde
según los vecinos funcionan unos casinos ilegales, regentados por esos
mismos grupos violentos mal llamados colectivos.
Caracas suena también a la protesta realizada ese mismo jueves 20 por
vecinos de Montalbán, hartos de que unos delincuentes que visten
prendas militares siembren zozobra en el sector; Caracas suena a la
protesta de los ciudadanos que este viernes 21 interrumpieron el
tránsito en la autopista Valle-Coche a la altura de Longaray, para
denunciar presuntos engaños del programa “Venezuela Productiva”; Caracas
suena a la protesta reiterada de los vecinos de Santa Ana, Carapita,
Antímano, por falta de gas doméstico; Caracas suena a la protesta
protagonizada por los hermanos nuestros que hoy residen en los edificios
construidos por la llamada “Gran Misión Vivienda Venezuela”, que en
semanas recientes trancaron la Av. Nueva Granada denunciando que las
viviendas que ocupan, prácticamente recién estrenadas, ya presentan
grietas y otras fallas. “Caracas suena”, como no. Suena a río crecido.
Y “cuando el río suena, piedras trae…”.
Tras 15 años de oídos cerrados a la protesta ciudadana, no es de
extrañar que el gobierno ignore el ruido profundo del clamor popular y
pretenda opacarlo con el estruendo de la fiesta alquilada. Pero lo que
sí sería imperdonable es que ese sonido de la indignación popular no sea
recogido y amplificado por quienes queremos un cambio urgente de
gobierno y de modelo. Los demócratas TENEMOS que ir al encuentro del
descontento y transformar esa indignación popular en energía de cambio.
Para eso es indispensable que avancemos en reinventar nuestros conceptos
de “organización” y “movilización”. Nos organizamos no para
“reunirnos”. “Reunirse” no es un fin en sí mismo. El de “reunido” no es
un nuevo “estado civil”. Los demócratas nos reunimos para atender una
agenda que básicamente debe comprender dos puntos: 1) Cómo luchamos para
mejorar nuestras condiciones de vida y trabajo allí donde estamos, en
nuestra circunstancia inmediata, donde vivimos o donde laboramos. Y 2)
Como contribuimos a promover el cambio democrático para toda Venezuela
empezando desde allí, desde nuestra circunstancia local.
Atender esa agenda implica movilizarnos, y el escenario en que se
verifica esa movilización para lo local y lo nacional, para lo
comunitario y lo social, para lo reivindicativo y lo político es, por
supuesto, “la calle”. Pero no una calle cualquiera: No la calle de las
grandes movilizaciones opositoras, a las que siempre acudimos sólo los
ya convencidos; No la calle llena de gas lacrimógeno y escombros, con
activistas y represores pero sin pueblo. La calle que nos interesa es
la calle con pueblo y sobre todo con pueblo por convencer. Y RESULTA
QUE ESA CALLE ESTA ACTIVADA DESDE HACE TIEMPO CON LA PROTESTA SOCIAL.
Muchos opositores que a diario piden “calle, calle” generalmente no
advierten que la calle por la que claman esta activada, e incluso está
esperando por ellos. Pero la protesta política sola se aísla. Y la
protesta social sola se agota. Es indispensable entonces unir reclamo
social y perspectiva política. Eso es lo que significa “unir pueblo con
pueblo” en esta nueva etapa de la lucha.
El sonido de la protesta popular se oye no sólo en Caracas. Es
incluso más intenso y organizado en muchos lugares del interior del
país. Las 28 leyes habilitantes del Paquetazo Rojo sólo prometen para
el futuro más intensidad en el reclamo social, y las leyes habilitantes
de la represión y el “sapeo” masivo no lograran callar a esa Venezuela
que también “suena”. Los opositores que claman por “calle” deben asumir
que, por el contrario, la calle social, la calle con pueblo protestando
(esa calle que existe a pesar de que en la “nueva” Globovisión el
programa más visto es un magazine de farándula) está clamando por
ellos. En el 2015, que nadie lo dude, venceremos a la cúpula podrida en
las mesas electorales. Pero antes hay que vencerlo en la calle. En la
calle activada socialmente: Esa calle con pueblo que ya rompió con el
gobierno, pero que aún no se ha incorporado a la esperanza de cambio.
¡Palante!
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