Marianella Salazar
Nicolás Maduro es más terco que una mula y no renunciará como lo pide a
gritos una gran cantidad en la población, indignada por su incapacidad para
manejar la debacle económica que ha disparado el dólar paralelo en casi 30%.
Somos un país dolarizado y los artículos de consumo continuarán
subiendo. Los pinches aumentos de sueldos y salarios son sal y agua ante los
precios de las medicinas ya racionadas y los alimentos cada vez más escasos. No
hay pañales para los ancianos, ni es posible aplicar tratamientos para enfermos
terminales de cáncer y otras enfermedades, pero sí aprobaron dólares para
importar pinos canadienses y adornos para el arbolito. Todo es un absurdo, una
incoherencia, amo la Navidad, pero prefiero obviar la decoración navideña ante
la necesidad imperiosa de obtener los fármacos para el tratamiento de
enfermedades graves.
Seguimos siendo los mismos indios que los españoles engañaban con los
espejitos: el gobierno ofrece instantes fugaces de felicidad cuando regula la
muñeca Barbie, importa electrodomésticos desechables y santas Claus para el
arbolito, pero no hay acetaminofén para tratar el dengue ni el chikungunya. La
gasolina también escasea, cuando hay de 91 octanos no se consigue de 95. El
pasado domingo y el lunes, no había traslados en autobús desde Barlovento por
falta de diesel.
Estamos frente a una combustión social, el derrumbe de los precios del
petróleo se produce en un contexto social potencialmente explosivo. Vamos de
mal en peor. Aumentaron los sueldos y salarios con dinero inorgánico, los
militares, que recibieron un aumento de 45%, que junto a los otros obtenidos
este año significa 85%, tampoco están contentos. Fue un grave error ese aumento
mientras al resto de la población civil se le aprobó 15%. Maduro se olvida de
que quienes tumban gobiernos son los civiles que protestan en la calle y
obligan a los militares a tomar decisiones.
Tristemente nuestra clase política opositora está más preocupada por su
supervivencia que por la del resto de los ciudadanos por quienes deberían trabajar
y movilizarse. En el PSUV hay una “marea roja” decidida a hacer tienda aparte.
En la oposición también.
Tic Tac
Transición: Maduro no tiene ni 8% de
popularidad en el oficialismo y, sin embargo, se niega a hacer un gobierno de
coalición con todos los grupos del chavismo, incluyendo a José Vicente Rangel,
que es uno de los candidatos para dirigir un gobierno de transición –aunque es
despreciado en la FANB– y está disgustado porque no designaron a su hijo como
ministro de Interiores cuando fue destituido el mayor general Miguel Rodríguez
Torres, a quien, por cierto, le ofrecieron una embajada y no aceptó. El
exministro cortó con el madurismo y, aunque está desaparecido, también trabaja
para la transición.
Rechazo: cayó mal en la FANB el
nombramiento del general Néstor Torres Reverol como comandante general de la
GN, que fue impuesto por los cubanos sin consultarlo con el Alto Mando Militar.
Reverol pertenece a la nómina del narcotraficante Walid Makled.
Objetivo: debido a las amenazas de
muerte de los colectivos, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado
Cabello, ha tenido que reforzar su seguridad con un ejército de escoltas. Cada
camioneta blindada –unas diez– con las que anda cuesta 135.000 dólares, sin
contar motorizados, francotiradores, etc. Según las fuentes, Maduro recibió un
ultimátum de sectores de la FANB, de que debe desarmar a los colectivos, por
las buenas o por las malas.
¡Auxilio,
socorro!: Delcy Rodríguez sería la nueva presidenta del CNE.
Vía El Nacional
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