Estimada Lilian Tintori
Con alegría, y me atrevo a decir, orgullo, he recibido la carta que usted me dirige con motivo del artículo al cual usted ha hecho mención.
Sé de su arduo trabajo por la libertad de Leopoldo,
símbolo de la mejor tradición democrática que existe en Venezuela. Sé
de la enorme injusticia cometida a él y a los demás presos políticos de
su país. Sé también que la lucha de ustedes se enmarca en la ya larga
historia de las luchas latinoamericanas por la democracia y por la
libertad. Y mi convencimiento es que ustedes, así como ya sucedió en
otros lugares, mucho más temprano que tarde, vencerán. Leopoldo volverá a
ser un hombre libre y ocupará el lugar que le tiene reservado la
historia de su país, al lado de su familia y de la mujer que ama.
Seguramente, como usted escribe,
mantengo diferencias con Leopoldo en la evaluación de algunos momentos
que llevan a la acción política. Bienvenidas sean esas diferencias
Lilian. Porque las diferencias son la condición, más aún, son la sal de
la política. Solo se puede unir lo diferente. Solo se puede unir lo que
está desunido. Y lo que une en este caso a la oposición venezolana es
mucho más grande de lo que la desune.
La vida, no los libros, me ha enseñado
que la sociedad perfecta no existe para nosotros, los humanos, por
definición imperfectos. Pero sí, estoy convencido, puede existir un
orden político en el cual podamos dirimir nuestras opiniones sin temor a
ser llevados a una cárcel, o ser insultados u ofendidos desde un poder
guarecido detrás de las armas. Por ese orden lucha Leopoldo así como la
inmensa mayoría de la oposición de su país. En ese punto desaparecen
todas las diferencias.
Por favor, reciba usted mis saludos, unidos a un profundo respeto y a una gran admiración.
Fernando Mires
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Si quiere leer la carta escrita por Lilian Tintori haga click acá.
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