Pedro Benitez
En uno de esos extraordinarios esfuerzos
de originalidad a los que nos tiene acostumbrados, Nicolás Maduro firmó
una Ley Orgánica de Misiones, Grandes Misiones y Micromisiones.
Probablemente, en su confundida mente,
considere que firmar un papel pueda detener el incremento de la pobreza
que estos momentos ocurre en Venezuela, y que los malabarismos de Elias
Eljuri no consiguen ocultar.
La verdad es esta: no hay ninguna
evidencia seria que demuestre que las denominadas “misiones sociales”
han tenido algún efecto concreto en la reducción de la pobreza en
Venezuela en estos años.
Según los propios datos del Instituto
Nacional de Estadísticas (INE), está clarísimo que la reducción de la
pobreza en los años 2004-2008 fue por la vía de los ingresos,
consecuencia directa a su vez, del mayor auge de ingresos petroleros de
la historia de la economía moderna y no a ninguna acción
‘revolucionaria’. De hecho, desde 2009, justo cuando los precios del
petróleo dejaron de subir, los indicadores de pobreza dejaron de bajar y
se mantuvieron estables hasta 2012. Y desde 2013 (según cifras
oficiales) empezó a crecer el número de venezolanos por debajo del
índice de pobreza.
Las misiones se concibieron como
programas de emergencia para atender una coyuntura política en 2003, y
nunca dejaron de ser eso.
Contrariamente a lo que afirman
defensores (y repiten detractores), para Chávez (porque el principal
responsable histórico de este desastre es él y no otro) lo social no
estaba en el centro de su agenda en 1998 y en los primeros años de su
mandato. Lo suyo era el control político, la Constituyente. Fue cuando
viéndose con el agua al cuello, de cara al referéndum revocatorio, que
según confesión propia solicitó auxilio a Fidel Castro e inventaron las
misiones.
Gastar hacia abajo, redistribuir el
ingreso nacional a hacia los más pobres para elevar sus oportunidades de
superación es una política correcta. Pero las misiones no fueron
concebidas para eso, sino para ganar elecciones, muy poco de ese gasto
fue dirigido a difundir el acceso de los sectores de menos ingresos a
bienes públicos: más y mejor educación pública, más y mejor sanidad
pública, más y mejor seguridad social, mejor transporte,
infraestructura, servicios de agua potable y de electricidad.
Repartieron los pescados, pero no los instrumentos para pescar.
Las políticas sociales modernas se han
concebido como mecanismos para ayudar a las pobres a dejar de ser
pobres, y no para que sigan siendo pobres. Pero esa nunca fue la idea de
los asesores cubanos.
No comments:
Post a Comment