Arnaldo Esté
Pasamos muchas pruebas para llegar a la
suprema felicidad: de la harina de maíz, del azúcar, del papel, del
aceite, de la carne, del pollo, de los repuestos… pero lo que si no
estábamos dispuestos a pasar es la privación de Barbie. Pero me entero
que el gobierno ha acudido al rescate de la ecológica y ahorrativa
Barbie y que la van a vender barato (a $ 2,50) y sin escasez.
Esta muestra de amplitud ideológica me
tranquiliza y parece augurar un nuevo período de conciliación con los
valores fundamentales del imperio y de la derecha fascista. Puede ser un
viento propicio que alienta mi empeño en la búsqueda de coincidencias
que puedan abrirle paso al diálogo.
Pero algo me escuece. No sé bien si lo
de la bella y rubia muñequita responde en verdad a una apertura
ideológica, a la improvisación de un funcionario de estreno o a un nuevo
‘dakaso’ en marcha. La inconsistencia ideológica y los papeles perdidos
del gobierno en un berenjenal de conflictos internos nos hacen estar
muy maliciosos.
Los economistas, en un acuerdo poco
frecuente entre ellos, agregan sus negativas previsiones a ese
berenjenal interno. Los precios del petróleo (30% menos) se caen y con
ello los dineros para mantener la filantropía política que ha alumbrado
la magia y el fetiche. La producción nacional, también en caída, está
muy lejos de proveer para una fiesta navideña que tiene que importarse.
Los discursos y las prédicas oficiales
tratan, al mismo tiempo, de tapar con radicalismos y verborreas las alas
caídas de sus partidarios con un tono de cheer leaders. Es de esperar que menudeen obligándonos a buscar refugio en la música de los CD en las aprisionantes colas.
Así nos acercamos al año nuevo y a las
búsquedas electorales. Ahora las veo oscuras, siento un clima pesimista y
evasivo. A la charla de amigos y familiares la traspasa el giro de los
chismes agoreros que, además de catártico, termina por abonar una mezcla
de escepticismo y amargura.
Tienen la palabra los políticos. Las
crisis van a converger a una crisis general que bien puede transformar
el escepticismo y la amargura en emergencias desesperadas. La crisis
general, por si sola, no cambia las cosas. Es cuando los proyectos y las
respuestas encuentran acogida. Son los momentos para llenar los vacíos
con creaciones.
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