Editorial de El Nacional
Han sido varios y diversos los editoriales que este diario ha dedicado a
Margarita, por lo general referidos a problemas que atañen a la nación entera –
inseguridad, desabastecimiento, apagones, sequia– , pero que allí adquieren
particular relevancia, pues afectan a lo que vocacionalmente debe ser
considerada su principal industria: el turismo; por eso, la naciente Feria
Internacional del Libro del Caribe, que, a pesar del boicot oficial contra el
papel, se está celebrando desde el pasado viernes, es un acontecimiento
que saludamos con entusiasmo, pues contribuye a diversificar la oferta cultural
de la región.
La feria, más bien modesta en dimensiones y contenidos, ha sido
concebida y organizada por la Universidad de Margarita, ambiciona ser
ineludible cita para quienes dentro y fuera de Venezuela conviven en el mágico
universo del libro (impresores, editores, autores), a pesar de las serias
limitaciones que la escasez de papel ha significado para la impresión y
publicación y, además, intenta prefigurar una agenda de encuentros
similares en el campo de las artes y la creación. No es ésta una afirmación
retórica; es una idea que puede inferirse de las palabras del rector del
“alma mater del Caribe”, quien en su discurso de apertura dijo que la feria
procura “promover la lectura y el conocimiento; desarrollar el gusto por el
libro: recordar que los libros están vivos y que son un medio para obtener un
esquema cultural adecuado; que pueden ser revisados por todas las ideologías,
por todas las maneras de pensar. En conclusión, como reza el lema de esta
feria: leer tiene sentido y estos eventos alientan a mirar hacia el futuro con
fe y despiertan la creatividad.
Se desarrolla la feria del libro caribeño en tiempos difíciles para el
país; duros y dolorosos han sido estos días del trágico febrero que nos ha
tocado vivir, por eso, estamos obligados a agradecer este súbito respiro
humanista que significa Filcar, no sólo por el material expuesto o porque
se rinda homenaje a Pedro León Zapata, a Jesús Rosas Marcano, a Andrés Eloy
Blanco y Enrique Bernardo Núñez, nombres de imperiosa referencia para
quien quiera pensar el país, sino por las ideas que en ella se debaten y la
calidad de quienes allí opinan. Con el lugar común, diríamos que se habla mucho
de lo humano y bastante de lo divino; desde intrincadas cuestiones filosóficas
hasta sabrosas recetas culinarias.
Como todo primerizo,
esta criatura dista mucho de la perfección. Omisiones que reputamos
involuntarias han soslayado firmas isleñas queridas y respetadas por sus
palabras, sus versos y su creatividad; sin embargo, creemos que en el balance
final destacarán los aspectos positivos y que las ostensibles y minúsculas
falencias seguramente se corregirán en venideras ediciones, porque si
leer es una aventura, Filcar debe ser un medio ideal para disfrutarla a
plenitud, como debe ser.
Vía El Nacional
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