Lo que
hay es una clara estrategia de provocación, impresionante por lo grave de las
decisiones que toma el régimen para ponerla en práctica. Busca reacciones
extremas tanto del liderazgo opositor, con la detención de Ledezma, como del
enemigo externo que quiere crear en Estados Unidos.
Y no se
piense que el chavismo está desesperado o improvisa. Se siente sobrado con el
poder de las armas y los recursos formales del Estado. Con ellos se quiere
mantener a toda costa. No se siente arrinconado por la hipercrisis económica y
social en la que se encuentra el país. Su problema es cómo preservar su
legitimidad frente a ese enorme descontento por la falta de todo: comida,
servicios, medicinas, seguridad, orden. Hasta en las peores dictaduras es
necesario un mínimo de legitimidad. Si no, miremos hacia Siria.
Por
supuesto que el régimen está viendo que con las condiciones actuales pierde las
elecciones parlamentarias de este año. Por ello aplica esta escandalosa
estrategia de provocación. Busca la reacción violenta e impulsiva del liderazgo
opositor. Quiere justificar una posible posposición de los comicios, y mientras
tanto minar el liderazgo democrático mediante detenciones, persecuciones y
allanamientos a los dirigentes principales. Si no se pospone la elección, que
sea difusa la referencia del liderazgo alternativo. Que haya menos incentivos
para votar. Del resto, como vaya viniendo vamos viendo.
El
liderazgo opositor no puede caer en la provocación, ni tampoco creer que el
descontento de la gente le tiene asegurada la victoria en las legislativas. Las
encuestas siguen indicando que ese descontento no está canalizado hacia el
liderazgo opositor democrático. La dirigencia opositora democrática también
tiene que ganarse su legitimidad. Tiene que mostrarse sólidamente unida, como
una alternativa real para el cambio necesario. Y tiene que trabajar la victoria
preparándose para perder, preparándose para el camino largo.
El
liderazgo opositor está en lo correcto en identificar las elecciones
parlamentarias de este año como un objetivo clave de la estrategia para
adelantar los cambios políticos que necesita el país. Hay que intentar ocupar
aunque sea uno de los poderes del Estado para influir en el funcionamiento del
todo. Es coherente con el deseo del cambio por la vía pacífica, electoral y
constitucional. Pero deseos no preñan, como hemos dicho en otra ocasión,
especialmente cuando el régimen no se va a quedar con los brazos cruzados,
esperando a perder las elecciones.
La
estrategia del régimen no es improvisada ni errada, porque no busca una solución
a los problemas acuciantes del país, sino seguir mandando a como dé lugar. Y se
equivoca quien piense que es Nicolás Maduro el que la traza. Hay un equipo que
la diseña y la desarrolla, con unos izquierdosos recalcitrantes de un lado,
unos extremistas de derecha del otro (los fascistas verdaderos, que como
Mussolini, apelan al pueblo y al socialismo nacionalista, y de la boca pa’
fuera se autodefinen como revolucionarios) y un sector militar, aliado
mayormente con el grupito fascistoide, todos disfrutando de las mieles del
poder. A todos les conviene seguir juntos.
El
liderazgo opositor tiene que trabajar para hacerse creíble y lograr que el
descontento se canalice hacia las opciones democráticas, hacia los partidos y
líderes democráticos. No se trata solamente de un cambio de gobierno, sino de
rescatar la democracia, rescatar la legalidad institucional, el espíritu y
letra de la Constitución; recomponer lo que antes funcionaba bien en Venezuela
para volver a arrancar, que no va a ser fácil. La reacción opositora debe ser
clara, educativa, de líderes con seguidores activos y conscientes.
La
alternativa democrática debe mostrarse sólida. Hace tiempo que Capriles tenía
que haber tenido el gesto de visitar a Leopoldo López en Ramo Verde. La
alternativa democrática debe demostrarse como algo real y tangible. Hace tiempo
que el liderazgo opositor, no un grupito de economistas, debió haber presentado
públicamente un plan ante la crisis, con toda la bulla del caso. La gente no
quiere explicaciones técnicas de la crisis. La gente sufre la crisis. Y con
tanto desencanto, lo que la gente quiere ver son alternativas políticas
creíbles, que el liderazgo opositor se está tomando esto en serio. Los líderes
políticos de los partidos, con Capriles, María Corina, Ledezma y Freddy Guevara
a la cabeza, todos juntos, hace tiempo debieron haber presentado al país un
conjunto de propuestas básicas para resolver los problemas de la escasez, de la
falta de medicinas, de la falta de agua y luz, de la criminalidad, de la
inflación, los problemas acuciantes de los venezolanos. “Estos son los cuatro o
cinco pilares básicos”. No seguir desarrollando una política reactiva dictada
por el chavismo.
El
liderazgo opositor tiene que picar adelante en el debate con políticas y
propuestas propias, dentro y fuera del país, resolver rápido lo de las
candidaturas parlamentarias y ponerse a trabajar desde ahora para el futuro y
presentárselo a Venezuela. Que sea el régimen el que se vea obligado a
responder y a aclarar.
El caso
Ledezma es ilustrativo de que el régimen no improvisa. La prisión de Leopoldo
López se estaba convirtiendo en una creciente referencia internacional sobre la
escasa vocación democrática del chavismo, una referencia que podía empezar a
trasladarse también al plano nacional. La solución del régimen fue su usual
huida hacia delante. Ahora no son uno sino dos los presos. Ya no es un líder el
que está creando problemas, sino varios anotados en una conspiración. Se
eliminó el riesgo del crecimiento referencial de un líder preso con la detención
de otro, y la posibilidad de más líderes presos y diputados allanados en el
futuro. El supuesto apoyo yanqui a la sedición ayuda. Y se van poniendo piedras
en el camino de las elecciones parlamentarias.
El
régimen se la juega y agresivamente. Ahora Capriles va a tener que visitar a
dos. Hay que dar pruebas más fehacientes de la unidad. Y presentar
alternativas. Muéstrame los pelos de la mula. No me digas que es parda.
(PS: Cumplimos con el deber de
informar a los servicios de inteligencia oficial que los señores Bush, Cheney y
Tenet son del gobierno anterior. El presidente gringo ahorita es Barack Obama,
el vicepresidente es Joseph Biden y el jefe de la CIA es John Brennan. La
cartilla que le leyeron a Maduro como que es de la época de Chávez).
Vía El Nacional
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