Wednesday, November 19, 2014

Al presidente obrero, hasta los obreros lo abandonan

En: http://konzapata.com/2014/11/al-presidente-obrero-hasta-los-obreros-lo-abandonan/

Una palabrota se le salió al primer mandatario ayer, cuando vio que varios de los asistentes el Congreso de la Clase Obrera lo abandonaban en medio de su discurso en El Poliedro. Lo más grave es reconocer en cadena nacional que tus partidarios te abandonan. A Chávez no le pasaba eso.

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.-

Debe ser terrible para cualquiera  constatar que el público lo deja solo. Es un acto de desprecio. Es decirle al actor o al cineasta “no me interesa tu obra, es una porquería…me aburre”.  Pero si el asunto se da en un mitin político, el gesto cobra dimensiones mayúsculas porque se supone que a los encuentros políticos  nadie va en contra de su voluntad. O al menos eso es lo que nos  han hecho creer desde hace 15 años. Porque ir a escuchar la voz del líder pasa por  levantarse, ponerse la franela roja, encontrarse con los  compañeros de partido, entusiasmarse entre todos. En el fondo, lo que se quiere es gozar un puyero escuchando a nuestro  líder destruir al adversario.

 

[Lo más grave es reconocer en cadena nacional  que tus partidarios te abandonan. A Chávez no le pasaba eso].




Pero cuando esa masa “prepago”  se fastidia y se levanta en medio del discurso, el asunto toma color de gravedad. Tanto, que sin poder disimular  su frustración (lo que ha debido haber hecho, por cierto), ayer el líder máximo del Psuv y Presidente de la República, emplazó en cadena nacional a los obreros que, disimulandito, se le  estaban escurriendo por las gradas de salida, justo cuando Maduro hablaba pestes de la burguesía parasitaria, qué casualidad. 

 

[¿Un verdadero líder habría dejado por sentado, y en cadena nacional,  el vergonzoso hecho de que sus seguidores lo estaban dejando solo?]


 

“ ¿Qué pasó? ¿Dónde está la disciplina?”, les gritó, como si escucharlo fuese una tarea obligatoria.  “¿Estamos o no comprometidos? ¿Estamos o no haciendo un pacto de sangre por el futuro de la patria?”.  Los obreros que se escabullían le respondieron algo inaudible, entonces el presidente se salió de sus casillas y, como si estuviese en un kindergarten y dos niñitos se cayeran a trompadas, les advirtió: “Entonces ¿qué pasa, pues? ¿Dónde está la disciplina? ¿O es que ustedes me van a exigir a mí que le eche bolas todos los días y ustedes se van a parar en una asamblea? ¡Vamos a exigirnos y auto exigirnos, compañeros! ¡Vamos a ponernos las pilas por esta patria! No es cualquier acto. No tomemos los actos como un evento artístico. Tenemos que tomarlos como un compromiso. ¿O no? ¿O nos paramos y nos vamos todos?”.

¿Alguien se imagina a Hugo Chávez diciendo algo semejante? ¿A Fidel Castro? ¿Era tan poquita la asistencia que Maduro se dio cuenta que dos o tres se iban? Y finalmente, ¿un verdadero líder habría dejado por sentado, y en cadena nacional,  el vergonzoso hecho de que sus seguidores lo estaban dejando solo?

Para colmo, la única manera que se le ocurrió para detenerlos, fue decirles que él “le echaba bolas todos los días”, como se habría defendido un marido ante una esposa exigente.  Sin mencionar que Nicolas Maduro tiene sus tres papas diarias seguras, sus cenas en New York y quien le pague la luz y el agua que, por cierto, nunca le faltan.

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